Camino Primitivo. Segunda parte

En anteriores ocasiones en las que he escrito sobre mis experiencias en el Camino he optado normalmente por escribir una entrada por etapa o día. Esta vez he decidido seguir un criterio distinto y he dividido las etapas en tres bloques, cada uno de ellos con una característica que, para mi, le confiere su identidad.

La primera parte, que ya he publicado, corresponde a las 8 etapas desde Oviedo a Lugo. Estas etapas constituyen de por sí la mayor parte de la distancia recorrida, algo más de 200 Km de los cerca de 320 previstos. El factor que caracteriza a este bloque de etapas es pertenecer al trazado oficial del Camino Primitivo. Como ya conté con anterioridad, mi intención era apartarme del camino para tomar dos variantes que me permitirían, entre otras cosas, retrasar la unión con el Camino Francés, y así librarme en parte de los tramos más explotados del Camino.

La segunda parte la constituyen dos etapas: desde Lugo a Friol y a Sobrado dos Monxes, para conectar con el Camino del Norte. Estas etapas no corresponden a ningún camino oficialmente reconocido y están muy poco transitadas. Carecen casi por completo de servicios y su trazado está señalizado por voluntarios que marcan el camino con flechas verdes, las cuales en ocasiones son difíciles de ver y hasta de interpretar. Tenía mucho interés en hacer estas etapas, por las razones ya citadas y por llevarme hasta Sobrado dos Monxes. De todos los albergues y estancias que recuerdo del Camino del Norte es Sobrado, con diferencia, la que me causó una impresión más honda; el monasterio, el entorno, el propio Sobrado, dejaron en mi una profunda huella que tiraba de mi con fuerza.

Por fin, la tercera parte comprende otras dos etapas, desde Sobrado a Pedrouzo y a Santiago. La primera parte de la etapa de Sobrado a Pedrouzo, hasta Boimorto, transcurre por el Camino del Norte. Aquí aparece una bifurcación: el camino convencional lleva a Arzúa, donde se fusiona con el Camino Francés; la segunda alternativa transcurre por una carretera que lleva hasta Lavacolla, donde se encuentra el aeropuerto de Santiago. El itinerario que tenía pensado caminar me llevaba por esta ruta, pero con una variante añadida: unos kilómetros antes de llegar a Lavacolla tomaría un desvío a la izquierda hacia Santa Irene, para desde ahí, y siguiendo el Camino Francés, llegar hasta O Pedrouzo, lo que me acercaría a 19 Km de Santiago y me permitiría, madrugando un poco, llegar temprano.

Así pues, continúo con la segunda parte.

1 de mayo, etapa 9. Lugo a Friol

Río Mera

Es temprano cuando salgo del albergue acompañado de Lino. Poco a poco vamos dejando atrás Lugo. Al poco de pasar el puente sobre el Miño llegamos al punto donde nuestros caminos se separan: Lino continúa por el Primitivo hacia Ferreira y yo tomo la variante hacia Sobrado. Nos despedimos y quedamos en vernos en Pedrouzo, donde he reservado dos plazas en un albergue.

El Miño

A medida que me voy alejando de Lugo y del Primitivo no puedo evitar sentir una cierta sensación de incertidumbre. No estoy intranquilo, ni mucho menos preocupado ni inseguro, pero sí me siento expectante ante lo que pueda encontrar. Los primeros kilómetros son una auténtica maravilla, razonablemente bien señalizados, a través de un precioso bosque siguiendo el cauce de un río. Unos kilómetros más adelante, tras dejar atrás el río, el camino continúa por pistas y senderos entre bosques y prados. Al llegar cerca de Matelo encuentro una bifurcación que no esperaba, no tengo constancia de ella. Hacia la derecha el camino circula siguiendo el curso de la carretera hacia Friol. Hacia la izquierda… no lo tengo muy claro, pero algo dentro de mi me decanta por seguir esta ruta. Tengo cargados en el móvil y en el reloj los tracks de las etapas de las variantes, así que no me preocupa perderme y además tengo el convencimiento de que esta variante se unirá con la otra unos pocos kilómetros más adelante. A medida que avanzo compruebo que me voy apartando cada vez más de la ruta guardada, tanto que me planteo retroceder hasta la bifurcación y tomar la ruta de la carretera. Pero no, no quiero retroceder, así que continúo con la esperanza de encontrar que el camino que sigo gira en algún momento hacia la derecha para acercarse hacia la ruta conocida. Sin embargo, tras un tramo de pistas y senderos salgo a una carretera que, invariablemente, conduce hacia el suroeste, mientras que Friol se encuentra hacia el oeste-noroeste de mi. Empiezo a temer haberme saltado alguna señal, así que decido detenerme y estudiar el mapa en el móvil, con la aplicación OruxMaps que tan útil me resulta ser. Voy siguiendo el curso de la carretera LU-P-2903; aproximadamente dos kilómetros más adelante esta carretera se cruza con la LU-P-2923, que gira en dirección a Friol, por lo que decido continuar hacia adelante (siempre que no encuentre señales que me indiquen lo contrario, claro) y tomar el desvío hacia la derecha, por la mencionada carretera que se dirige hacia Friol. Tengo que aclarar que a pesar de estar hablando de carreteras, se trata más bien de pistas asfaltadas entre campos y prados, por las que durante todo el trayecto no veo circular mas que un coche y un tractor.

Por fin llego al cruce y para mi sorpresa encuentro unas flechas verdes que señalan hacia la derecha; bueno, después de todo mi opción era buena. Continúo caminando; voy dejando atrás algunas poblaciones formadas por apenas unas pocas casas, en las que no encuentro ningún bar ni sitio para poder descansar un rato a cubierto del molesto viento frío que ha comenzado a soplar. Al llegar a Valín veo un banco de piedra junto a la pared de una casa, así que decido detenerme unos minutos y comer algo de pan, queso y fruta que llevo en la mochila. La casa no me protege del viento por completo, pero podría ser peor ya que a pesar de estar muy cubierto la lluvia me ha respetado hasta el momento. Tras un breve descanso continúo la marcha, no quiero enfriarme; llevo unos 19 Km andados y si hubiera seguido la otra ruta debería estar a unos 6 Km de Friol, pero mirando mi situación en el mapa compruebo que me quedan todavía unos 10 Km, por lo que haber tomado esta ruta me supondrá caminar unos 4 Km más.

Continúo todavía unos kilómetros por la carretera; llego a Guldríz de Arriba y me pregunto si existirá un Guldríz de Abajo. Un kilómetro más adelante (hacia abajo), encuentro la respuesta.

Guldriz de Abaixo

A medida que me acerco a Friol el camino vuelve a adentrarse por pistas y sendas, en ocasiones inundados, que me obligan a saltar alambradas para circular por prados colindantes, también encharcados pero más llevaderos.

Por una parte me alegro de haber tomado esta ruta, por transcurrir por parajes más agrestes, pero por otra me arrepiento, por la dureza añadida por el estado del terreno y por haber hecho casi 4 kilómetros más. Además la señalizacion no es tan buena como en caminos oficiales; no hay mojones en los cruces y desvíos, únicamente algunas flechas de color verde pintadas en ocasiones en ramas de árbol, cuya dirección no siempre resulta evidente. Otras veces no se encuentran señales durante un largo trecho; puede parecer lógico porque no hay desvíos y por tanto no debería haber confusión, pero a veces no sabes si no hay ningún desvío o si por el contrario sí lo había y te lo has saltado por estar pendiente de otras cosas como el paisaje, un enorme charco que hay que rodear como se puede…

Llego a Friol, cansado tras casi 30 kilómetros de camino. En Friol no hay albergue, la única opción posible es alojarse en la pensión Benigno, que encuentro fácilmente y en la que ya tenía reserva. La habitación de la pensión no es nada de otro mundo, pero es mejor que algunos de los albergues por los que he pasado y tiene baño completo para mi solo; y televisión, podré ver las noticias. Además esta noche no tendré que aguantar ronquidos. Un lujazo.

Como de menú en el restaurante de la pensión; una sopa que me sabe un poco a sobre pero que me calienta el cuerpo y una merluza a la plancha con aspecto de ser muy fresca. Después de la comida salgo a dar un corto paseo por el pueblo y, de paso, compro algo de pan y fruta para cenar. Vuelvo a la pensión y me quedo el resto de la tarde tumbado, leyendo, escribiendo un poco y, sobre todo, descansando. Me invade una extraña sensación: hoy es mi cumpleaños y, desde que puedo recordar, es el primero que paso completamente solo.

2 de mayo, etapa 10. Friol a Sobrado dos Monxes

Lago de Sobrado

El bar de la pensión abre a las 7:00 h, así que me levanto un poco más tarde de lo habitual para poder tomar un buen desayuno. Aprovecho la ocasión que tengo para darme otro lujo: una ducha matutina antes de salir. Me tomo un buen tazón de café con leche y unas hermosas magdalenas y enseguida me pongo en marcha siguiendo nuevamente la pista de las flechas verdes.

Poco que destacar en la etapa del día. Transcurre en su mayoría por sendas y pistas entre bosques y prados. En ocasiones casi no hay ni senda, hay que estar muy atento para poder ver las flechas. Afortunadamente no me encuentro ninguna bifurcación y salvo alguna muy pequeña variación el camino que sigo coincide con la ruta que tengo guardada. Lo peor vuelve a ser el agua y el barro que anega los caminos y me obliga frecuentemente a buscar alternativas a través de los prados o bosques colindantes. Vuelve a hacer mal tiempo, sopla un fuerte viento incómodo que aumenta la sensación de frío. El cielo está cubierto y parece que amenaza lluvia, aunque solo caen unas cuantas gotas. Más tarde sale un tímido sol que no consigue calentar y sigue haciendo frío.

Al llegar a Vilariño el entorno cambia notablemente; aquí la ruta se une al Camino del Norte y hay más vida, más población y también mayor movimiento de peregrinos. Aprovecho y paro en el bar Suso para tomar un café; me pregunta la dueña si hablo español y le digo que si, que bastante bien para ser valenciano. Me pregunta de donde vengo y hablamos sobre las condiciones de la ruta que he seguido y me cuenta sobre lo meticulosos que son los alemanes para hacer las guías, a diferencia de los españoles que casi ni se bajan del coche para hacer alguna foto del lugar y salen a escape; los alemanes, me dice, entran y preguntan si abre todo el año, si sirve comidas y otras cosas que pueden resultar muy útiles a los peregrinos. Sobre este asunto recuerdo la guía de Gunter, en la que se describe bastante bien la variante de Sobrado, mientras que yo apenas he podido encontrar alguna escueta descripción. Me despido y me desea buen camino y que no me pierda. Y lo que son las cosas, quizá por lo confiado que iba, nada más salir del bar me salto el desvío hacia el camino y tomo la ruta incorrecta. Por suerte el reloj me avisa de que estoy fuera de la ruta, así que retrocedo y tomo el camino correcto.

Mojón en el Camino del Norte

Me quedan unos 6 Km hasta Sobrado, donde llego aproximadamente a las 13:40 h. Ya desde la entrada a Sobrado se distinguen las torres del monasterio cubiertas de andamios; por una parte me alegro de que el monasterio esté en rehabilitación, por otra me apena no poder verlo en condiciones. Me dirijo al albergue y me encuentro con que está cerrado desde las 13:30 hasta las 16.30 h. Son casi tres horas de espera, por lo que sumando esto al disgusto que me he llevado al ver el monasterio momificado me hacen optar por dirigirme a un albergue privado de reciente apertura. Mi gozo en un pozo.

Monasterio de Sobrado dos Monxes

Tras registrarme en el albergue y asearme salgo a comer. Después vuelvo al albergue porque tengo mucha ropa para la colada, así que decido aprovechar que hay lavadora y meter todo lo que tengo usado. Mientras se lava la ropa salgo a dar un paseo por Sobrado y a visitar el interior del monasterio, que afortunadamente está abierto al público. En el claustro de los peregrinos, donde está ubicado el albergue, me llevo la alegría de encontrar a Gunter y a Helmut. Hablamos sobre las etapas de la variante y me preguntan si ayer estaba en Friol; ellos llegaron tarde y a esa hora yo estaba en la habitación, descansando, por lo que no nos vimos. Han llegado a Sobrado hace poco y todavía no se han podido duchar, así que me despido de ellos hasta Pedrouzo, llevamos la misma ruta.

Compro algo para la cena y el desayuno de mañana y después de tomar un café en la plaza vuelvo al albergue, donde tengo que recoger mi ropa. Antes de cenar leo un poco y repaso la etapa de mañana. Tengo que reconocer que me preocupa un poco tener que andar más de 37 kilómetros con la mochila a cuestas, y que había pensado en la posibilidad de enviar parte de mis pertenencias en una bolsa hasta Pedrouzo. Pero ¡que carallo! No, no lo haré; mi mochila viene conmigo.

Camino Primitivo. Primera parte

22 de abril. Uviéu

Junto a la estatua de Woody Allen

Llegó el día. Tal y como estaba previsto tomo el AVE de Valencia a Madrid a las 6:30 h. En el tren me rodean usuarios viendo el segundo capítulo de Juego de Tronos en portátiles o tabletas, que yo todavía no he visto; no sé hacia donde mirar para no ver nada. Al llegar a Madrid y puesto que tengo tiempo, decido ir andando hasta la estación Sur de autobuses. Rodeo Atocha y tomo Méndez Álvarez abajo. Es temprano y hace fresco, y aunque no sea la parte más bonita de Madrid, disfruto del paseo por una ciudad que tanto significó para mi. Llego a la estación con tiempo más que suficiente para comer algo y tomar un café. Por fin, unos minutos despúes de la hora prevista, el bus se pone en marcha.

Tras algunas breves paradas para la subida y bajada de viajeros y una más larga en Villalpando para tomar un descanso, sobre las 15:30 llegamos a Oviedo. Al bajar del autobús y recoger mi mochila, encuentro un muchacho de Jaén equipado con mochila, la cual llevaba en el autobús envuelta en una bolsa grande de basura. Obviamente un peregrino y como yo se dirige al albergue municipal. Además de la mochila va cargado con varias bolsas; comida, dice, proporcionada por su tía en Madrid. No sé si es para él solo o si su tía pretendía alimentar a todo el albergue. Tras dar alguna vuelta de más (vaya, tenía que haber seguido las señales del Camino en sentido inverso), llegamos al albergue. Me registro, dejo mis cosas y salgo a dar una vuelta por la ciudad. No conocía Oviedo, y me sorprende gratamente, al menos hasta llegar a la Catedral, donde me llevo la desagradable sorpresa de que cierra a las 18:00 y son las 18:04 cuando he llegado, así que, una vez más en el Camino, me quedo sin verla. No he andado mucho hoy,  pero estoy algo cansado y quiero guardar las fuerzas para el camino, así que decido regresar al albergue a cenar algo y descansar. Mañana empieza lo bueno.

23 de abril, etapa 1. Oviedo a San Juan de Villapañada

Me despierto a las 6:00. Mientras estoy recogiendo mi mochila, desde una cama vecina alguien me pregunta si salgo hacia el Primitivo. Respondo que si y me propone salir juntos, que cuatro ojos ven más que dos, a lo que naturalmente accedo. Es Lino, del Ferrol. 69 años, runner (él siempre habla de trotar más que de correr) y con un nieto etíope. Un hombre sencillo y honesto a todas luces que inmediatamente me causa muy buena impresión; hacemos migas inmediatamente. Mientras salimos de Oviedo nos vamos contando de nosotros. Una vez hemos dejado atrás la ciudad, en una subida a los pocos kilómetros de marcha, me dice que siga yo a mi ritmo, que él va más lento. Se despide de mi, pero tengo claro que nos habremos de ver más adelante. Aun así, poco sospechaba yo en ese momento que hasta Santiago íbamos a coincidir unas cuantas veces y que caminaríamos juntos unos cuantos kilómetros

Llueve. No mucho pero llueve. Poco a poco van cayendo kilómetros y en una parada que hago para cambiar el chubasquero por la chaqueta, Lino me alcanza y mientras continuamos juntos me invita a un café. Paramos en un bar cerca de Casa Nueva justo cuando la lluvia comienza a arreciar. En el bar, sentada a una mesa, una chica con los pies y el cuerpo envueltos en plásticos. Junto a ella, su mochila, también envuelta en plástico; una peregrina, sin duda.

Pese a la lluvia decidimos continuar. La tormenta coge fuerza y caminamos bajo un fuerte chaparrón que, afortunadamente, no dura mucho. Poco a poco el sol se sobrepone a las nubes y así, con mejor tiempo, llegamos a Grado, donde comemos y compramos algo para la cena y el desayuno de mañana.

Aunque la mayoría de peregrinos deciden finalizar esta primera etapa en Grado, mi intención es continuar hasta San Juan de Villapañada, como tenía previsto. Lino está conforme conmigo y así pues continuamos el camino. La ruta se hace un poco pesada, entre la lluvia, el barro, subidas y bajadas y algunos tramos de carretera sin un puñetero arcén que permita andar con un poco más de tranquilidad.

Llego a San Juan el primero; poco después lo hará Lino. El albergue está abierto, pero no hay nadie. Llamo al hospitalero y me dice que nos vayamos acomodando, que más tarde irá él. Me instalo y me aseo y mientras nos dedicamos a descansar un poco van llegando el resto de peregrinos que formarán el grupo que prácticamente nos acompañará hasta Santiago.

Los primeros en llegar son Thierry (francés) y Helmut (alemán). A Helmut lo recuerdo del albergue de Oviedo, no así a Thierry. Después llegan tres portugueses y más tarde Maya y Nancy, dos chicas lituanas propietarias de una enorme maleta que nos llamó la atención al llegar al albergue. Caminan con lo justo y el grueso del equipaje lo envían de albergue en albergue en ese maletón. Finalmente, a última hora, llega Luis, de Logroño. Parece ir un poco a su bola y como el inglés parece no dársele nada bien, no se comunica demasiado. Lino y yo no cocinamos, así que cenamos un poco más pronto que el resto. En el albergue hay algunas botellas de sidra y Lino nos da algunas lecciones sobre como escanciar. Helmut se anima y nos sirve unos tragos; pasamos un buen rato. Después intento leer un poco pero me cuesta mantener la concentración. Cansado, me voy pronto a dormir .

Grado visto desde el albergue de San Juan
Grado visto desde el albergue de San Juan

24 de abril, etapa 2. San Juan de Villapañada a Bodenaya

Amaneciendo en el alto de San Juan

Soy de los primeros en salir del saco. Desayuno con Lino y salgo temprano del albergue, todavía no ha amanecido. Al rato tengo que volver al albergue a buscar mi bastón, que he dejado olvidado. Es la primera vez que me ocurre esto; otras cosas sí he dejado olvidadas, frecuentemente el jabón, pero mi bastón, nunca. Lino se adelanta y ya no vuelvo a verlo hasta Bodenaya, así que hago toda la etapa solo.

El camino se va adentrando en los montes asturianos. Paso por alguna población de cierta importancia, como Cornellana, pero la mayoria de las poblaciones no pasa de ser humildes aldeas de apenas un puñado de casas. Los paisajes son una auténtica maravilla y cada paraje que atravieso resulta más relajante y cautivador que el anterior. Cada paso que doy me siento más contento de estar aquí, más feliz de haber emprendido este camino y de haber elegido esta época para emprenderlo. Con este tiempo, el paisaje asturiano muestra todo su esplendor.

Llueve también durante casi todo el camino, a veces con cierta intensidad. No hay tanta carretera como en la jornada de ayer, aunque también hay algún tramo. Me disgusta especialmente uno con arcén inexistente que puede resultar peligroso, aunque afortunadamente no hay mucho trafico. Llego a Salas demasiado pronto para comer y no me apetece un menú de dos platos, así que opto por pedir un bocadillo de tortilla. Después voy al súper a comprar provisiones para la cena y el desayuno de mañana. Quiero plátanos, pero van envasados de 5 o 6, así que cojo un par de bananas, que van a granel. Más tarde me arrepentiré de haberlas comprado, están incomibles.

Desde Salas a Bodenaya el camino va en constante ascenso. En el alto, ya cerca de Bodenaya, sopla un viento frío que me obliga a cubrirme; empieza a llover un poco. Por fin llego al albergue, donde me recibe Celia. Tengo que hacer mención muy especial del albergue de Bodenaya y de Celia, su hospitalera (no pude conocer a su pareja por estar ausente ese día). En primer lugar, y aunque pueda resultar obvio, diré que Celia es su hospitalera. Quiero decir esto que no es alguien que se limite a registrar, cobrar y colocar al al peregrino, sino que se desvive por hacer nuestra estancia lo más cómoda posible. Sus primeras palabras son de bienvenida y para decirte que estás en tu casa; acomódate, toma lo que necesites, haz lo que te apetezca. Ella y su pareja se encargan de preparar una cena y desayuno comunitarios, de lavar y secar la ropa que has llevado durante el día, de proporcionarte lo que puedas necesitar para hacer tu estancia lo más agradable posible, y todo esto a cambio de la voluntad. Todo un ejemplo a seguir.

Lino ha llegado antes que yo. Después, poco a poco, van llegando más peregrinos. Una de las primeras es Margarita, una chica de Ucrania que resulta ser la que ayer vimos en el bar envuelta en plásticos. Habla inglés bastante mejor que yo, pero conseguimos entendernos y me cuenta cosas de su vida en Ucrania. Curiosamente le gusta la fórmula 1 y hablamos un rato sobre las últimas carreras. En ese momento no lo sabía, claro, pero ya no volveré a verla; me hubiera gustado volver a hablar con ella.

LLegan también Helmut, Maya y Nancy, Gunter y Thierry. También otros peregrinos a quienes no conocía: Irma y Paul, de Holanda, y Martina, checa. Así, la cena comunitaria resulta verdaderamente interesante y variopinta.

25 de abril, etapa 3. Bodenaya a Borres

De camino a Borres

Durante la cena en Bodenaya, Celia nos explica que la hora de levantarse y desayunar debe ser la misma para todos, establecida por acuerdo mutuo. A la hora decidida, un poco más tarde de lo que yo quisiera, me levanto y tras el desayuno comunitario emprendo la marcha. Al tratarse de una hora más tardía voy coincidiendo con varios peregrinos durante la marcha, hasta Campiello.

No llueve apenas, pero sopla un fuerte viento frío, bastante molesto. A ratos luce el sol, pero no consigue calentar. Para complicar las cosas un poco más el camino está muy embarrado y frecuetemente resulta pesado caminar. Llegando a Tineo me despisto en un desvío y tras un rato de camino equivocado tengo que desandar lo andado. Más adelante, en Tineo, me adentro en el pueblo para tomar un café y al querer continuar me dirijo hacia abajo, pensando que ahí está el camino; busco infructuosamente alguna señal y no encuentro, así que pregunto y compruebo que iba en dirección contraria. Toca retroceder otra vez, sumando unos pocos metros de más.

De camino hacia Campiello paso primero por el Alto de Guardia, donde puedo disfrutar de unas magníficas vistas. Más adelante el camino atraviesa un precioso robledal que, además, me refugia del viento. Iba yo así pensando en lo bonito de la etapa, sin apenas carretera como la de ayer, cuando, ¡zas! aparece un tramo de carretera; se me hace muy pesado, más que odioso: largo, sin arcén, en terreno abierto expuesto al fuerte viento que en ocasiones te empuja hacia el centro de la carretera… No veo el momento de llegar. Por fin, al llegar a Campiello, me espera una agradable sorpresa: Lino ha comido ahí y se dispone a seguir hacia Borres, así que tras tomar un café seguimos caminando juntos.

Llegando a Borres me dice Lino que ha decidido ir a un albergue privado y puesto que en este caso no tengo preferencias, decido unirme a él. Cuando llegamos al albergue comprobamos que es nuevo, prácticamente lo estrenamos nosotros. Está bastante bien, pero tiene algunos fallos en instalaciones (como pro ejemplo algunos desagües) y no tiene ni la décima parte de la vida y calor que tiene el de Bodenaya. Y Raimundo no es Celia, ni mucho menos.

Toca hacer colada. Mientras estoy lavando la ropa persiste el frío viento, además de que empieza a caer una fina lluvia. El lavadero está descubierto y poco a poco el frío me va calando. Tras tender la ropa me preparo un café con leche muy caliente y me siento, tapado con una manta, a ver caer la lluvia a través de un ventanal del albergue. La llovizna se convierte en un fuerte chaparrón; a lo lejos, en el camino, distingo una figura cubierta por un poncho naranja. Camina muy despacio, apoyada en dos bastones, por lo que creo distinguir a una mujer no muy mayor que adelanté por la mañana. Bajo la fuerte lluvia paso a paso va acercándose hasta el desvío que sube hacia el albergue municipal. Perece dudar un momento y emprende trabajosamente la subida hacia el albergue. Unos minutos despúes desaparece en el interior del edificio; espero que pueda secarse y descansar un poco, lo tiene bien merecido.

Poco después, tras la lluvia, llega una pareja. Ingleses o australianos pienso yo. Luego me dirán que son del desierto, de Arizona, y que no están acostumbrados a este frío. Tras dejar sus mochilas desaparecen y ya no vuelvo a verlos hasta la hora de la cena, en el bar. Ceno una sopa caliente y después una tortilla que no me puedo terminar. Muy amablemente la mujer que me atiende me sugiere hacerme un bocadillo con el sobrante de tortilla, con lo que tengo almuerzo para mañana.

En el bar coincido con Gunter, que se aloja en el albergue municipal. Me cuenta que también quiere hacer la etapa siguiente por Hospitales, como Lino y yo. Veremos si el tiempo nos lo permite. Con mal tiempo, especialmente si hay niebla, no es recomendable el paso por Hospitales. Por si acaso llevo preparado en mi móvil y en el reloj el track del paso por el alto. Puede resultar de especial ayuda el uso del reloj, ya que tiene la opción de producir un aviso en caso de desviación de la ruta, lo que permite caminar sin necesidad de estar mirando la pantalla del móvil; con un simple giro de muñeca puedo saber si estoy en la ruta o no y además si me despisto puedo recibir un aviso. Aun así, no hay que confiarse.

Todavía con el frío en el cuerpo me voy a descansar; me meto en el saco con la camiseta térmica y cubierto con una manta. Poco a poco conseguiré entrar en calor y dormir unas horas.

26 de abril, etapa 4. Borres a Berducedo, por Hospitales

Bifurcación del camino

Salimos Lino y yo de Borres, con la idea de tomar la variante de Hospitales tal y como ya habíamos hablado y si tenemos constancia de que el tiempo lo pueda permitir. Aunque solemos coincidir sobre todo en la salida y la llegada y en ocasiones en algún tramo de la etapa, habitualmente cada uno va a su aire, de modo que la mayor parte de las etapas las hago solo. Pero el sentido común aconseja no ir solo por Hospitales, de modo que nos hemos puesto previamente de acuerdo para caminar juntos.

Aunque el cielo está cubierto no llueve y aparece algún claro, por lo que optamos por la opción de Hospitales. Nada más llegar al desvío empieza la subida. Serán casi 15 kilómetros de ascenso, partiendo desde los 600 m de Borres hasta llegar casi a los 1.300 m. A medida que ganamos altura las condiciones van empeorando; sopla un fuerte viento frío y aparece la lluvia, que más tarde se convertirá en aguanieve. Pero lo que más tememos, la niebla, decide respetarnos. Vemos algunos bancos, casi todos por debajo de nosotros, por lo que en todo momento tenemos el camino despejado. Lo que también tenemos es agua, tanto por arriba como por abajo; el terreno está completamente encharcado, tanto que muchas veces cuesta encontrar pasos que permitan avanzar sin tener que meter los pies en el agua o el barro. Mis botas resisten más o menos y mantengo los pies bastante secos, pero Lino tiene los pies empapados; llega un momento en que ya no le importa donde pisa.

Lo poco que podemos ver del paisaje nos deja boquiabiertos; es impresionante; aunque el tiempo no haya acompañado no nos arrepentimos de la decisión tomada. La niebla no es tan compacta como para impedir la visibilidad del paisaje y el camino y aunque por precaución activo la navegación en el reloj, resulta innecesaria (de todas formas voy echando vistazos para asegurarme). Por fin llegamos al alto de Hospitales, tras el que comienza el descenso. El primer tramo de bajada resulta muy pesado, por una fuerte pendiente con piedras sueltas. Paulatinamente el terreno mejora, así como el tiempo; parece que junto con el alto hemos dejado atrás el viento y la lluvia.

Al llegar a Lago nos encontramos con que el bar ha cerrado; otra vez nos quedamos sin café. Estoy cansado y decido parar a descansar un poco y comer algo. Lino continúa y quedamos en vernos en Berducedo, pero cuando llego, al no verlo, le llamo y me dice que ha decidido continuar hacia A Mesa, a 4 kilómetros. Espero volver a verlo. Como he llegado tan pronto, voy viendo llegar a todos: Carlos, un argentino que viene desde Pola, al que hemos adelantado en la bajada; Thierry, Luis el logroñés y Martina con Irna, la holandesa. Más tarde llegan las chicas libanesas (Nancy y Maya) junto con Helmut y Paul, el holandés. No he visto a Gunter, quizá está en otro albergue.

Más tarde llegan dos peregrinas más, dos chicas colombianas, Cindy y Natalia. A última hora, cuando estamos hablando de la etapa de mañana, pregunto a la hospitalera por el albergue de Castro. Me responde que está bien pero que es pequeño, por lo que resulta aconsejable reservar; aunque seguramente llegaría de los primeros podría encontrarme con todas las plazas reservadas. Así que me hace el favor de llamar ella misma y nos encontramos con la sorpresa de que tanto el sábado como el domingo el albergue estará cerrado por causa de las elecciones, ya que se usa como colegio electoral. Toca cambiar de planes: mañana hay que ir hasta Grandas de Salime, 5 km antes de Castro. El siguiente albergue está a 20 km de Castro y sería demasiada distancia para un día. Bueno, desde el principio tuve claro que había que estar preparado para posibles cambios, por cualquier circunstancia.

27 de abril, etapa 5. Berducedo a Grandas de Salime

Camino a Grandas

Hoy la etapa es más corta de lo que tenía previsto, debido al cambio de planes por el cierre del albergue de Castro. Puesto que en el albergue sirven desayunos a partir de las 7:00 h, aprovecho para poder tomar un buen café con unas tostadas antes de salir; me vendrá bien.

El tiempo parece mejor que días anteriores; al menos no llueve, aunque también hace algo de viento frío. Llego hasta A Mesa por una carretera en constante descenso. No hay tráfico y con el asfalto frío se camina bien, voy a buen paso aunque no quiero forzar la marcha porque no hay ninguna necesidad. Tras pasar A Mesa llega una fuerte subida, larga y muy pronunciada, que me recuerda que estoy en el Primitivo. Al llegar a la parte alta encuentro un cartel indicando que debido a los trabajos de reacondicionamiento del terreno tras el incendio de 2018, se recomienda tomar un desvío para llegar a Grandas, pero las señales parecen contradecir dicho cartel, ya que siguen indicando el camino original, por donde voy.

Sigo pues las indicaciones del camino y pronto llego a los altos sobre el embalse de Salime; el paisaje es impresionante y cada poco tengo que parar para poder disfrutarlo con tranquilidad. Tras el alto empieza la larga bajada hacia el embalse, 6 km. El entorno es una maravilla. La primera parte de la bajada tiene una pendiente más pronunciada, pero unas vistas sobre el valle y el embalse que compensan con creces. La segunda parte es más suave y circula entre frondosos bosques de castaños. Hay quien dice que la bajada es mala, pero para mi resulta una maravilla, todo un remanso de paz y tranquilidad, un verdadero bálsamo para el espíritu.

Al llegar al final del descenso hay que ir por la carretera. Parece que después de tanta maravilla merecía un poco de castigo, así que toca circular por carretera sin arcén, cuesta arriba y con algo de calor porque el sol empieza a dejarse ver. Bueno, menos mal que el último kilómetro y medio vuelve a ser por bosque, con terreno más amigable. Por fin llego a Grandas, donde encuentro a Lino, con quien voy a comer unas fabes estofadas y merluza a la plancha que no están nada mal. De postre una tarta de queso casera riquísima; hemos comido estupendamente.

En el albergue toca lavar la ropa, descansar un poco y comentar las incidencias del día con el resto de peregrinos del grupo y algunos que no conocía, que poco a poco han ido llegando. Debido al cierre de Castro estamos todos aquí.

28 de abril, etapa 6. Grandas de Salime a A Fonsagrada

Entrando en Galicia

Salgo pronto de Grandas, cuando apenas empieza a clarear. Al principio el camino transcurre entre frondosos bosques, pero pronto salgo otra vez a carretera. El camino circula paralelo a la misma, teniendo que hacer varios kilómetros por ella. Pasado Cereixeira las señales llevan hacia la derecha, a través de un prado, pero está completamente encharcado, por lo que opto por volver a la carretera. Unos kilómetros más adelante, tras haber circulado de nuevo por pista entre bosques, llega un largo tramo de carretera que sube hacia el Puerto del Acebo. Poco a poco la niebla lo va envolviendo todo, aunque se intuye el sol por encima. A medida que se asciende voy dejando abajo las nubes, de modo que a mis pies puedo ver un mar blanco. La última parte del ascenso es duro; el camino es apenas una senda de cabras, escarpada y pedregosa. Llego cansado arriba, donde en la distancia ya se divisa A Fonsagrada.

Mar de nubes

Subiendo el alto he alcanzado a Lino, que salió antes que yo, así que continuamos juntos un trecho. En el descenso dejamos atrás Asturias y entramos ya en Galicia. En el límite hay una placa indicadora, puesta por un vecino ya que la original la arrancaron y se la llevaron. Este hombre, que lleva el bar que está al final de la bajada, nos dice también que han puesto nuevos los mojones indicadores y ya les están arrancando la vieira y la placa con los kilómetros hasta Santiago; añade que le gustaría pillar a alguno de los que se dedican a arrancarlas.

Los 10 km que restan hasta A Fonsagrada son bastante cómodos, por pistas en llano. Excepto el último kilómetro, que tiene una pendiente criminal que me hace llegar arriba reventado.

El albergue municipal está verdaderamente bien, pero nos quedamos aquí sólo unos pocos. La mayoría de los conocidos van a un albergue privado que tiene muy buenas críticas; la verdad es que éste tiene muy poco que envidiarle. Por la tarde, dando una vuelta por el pueblo, encuentro a Thierry y charlamos un poco. La mayor parte de la tarde la paso en el albergue, descansando.

En un salón del albergue hay unas hojas manuscritas que hablan sobre la etapa del día siguiente, en las que leo que hay dos posibilidades: quedarse en O Cádavo, como yo tenía pensado, o continuar hasta Castroverde, 8 km más, lo que permitiría llegar pasado mañana más pronto a Lugo y disponer de más tiempo para ver la Catedral, la muralla, el casco antiguo… Serían entonces cerca de 33’5 km. Veremos; al llegar a O Cádavo decidiré, según me encuentre.

29 de abril, etapa 7. A Fonsagrada a Castroverde

Amanecer camino a Cádavo

Si, a Castroverde. Según mi planificación, la etapa de hoy finalizaba en O Cádavo, pero después de leer la posibilidad de alargar hasta Castroverde y tener una etapa más cómoda hasta Lugo decidí no decidir nada y esperar hasta llegar a Cádavo, donde ya tomaría una decisión, según me viera. Y al llegar a O Cadavo he visto que podía continuar y así he hecho.

Poco y a su vez mucho que decir de la etapa. La mayoría por sendas y pistas entre bosques de castaños y unos altos pinos que no parecen autóctonos. Y subiendo, subiendo sin parar. Parece mentira que cuando llegas arriba y ya crees que has subido todo, siempre hay un arriba más arriba que tu arriba. En fin, creo que por suerte mañana hasta Lugo el camino es mayoritariamente en descenso.

30 de abril, etapa 8. Castroverde a Lugo

Llegada a Lugo

Gracias a haber adelantado 8 km en la etapa previa la de hoy es corta, pero se me hace muy pesada. Paso de largo un bar a 7 km de Castroverde pensando que todavía es muy pronto para parar; me arrepentiré de no haberlo hecho, ya que hasta Lugo no hay ningún sitio donde pueda tomarme un café con descanso. Hay niebla, hace frío y noto el cansancio de los kilómetros acumulados y de los de la etapa de ayer. Me siento como cuando en una maratón llegas al muro…

El camino transcurre mayoritariamente por pistas y algunos tramos de carretera, entre bosques de pinos y castaños y algunos prados. Dejo atrás varias granjas; en una de ellas, tumbada en el prado, hay una vaca a punto de parir. Veo también varios caballos y hasta un pony.

LLego a Lugo pronto, muy pronto, a las 11:30 h y como el albergue no abre hasta las 13:00 decido ir a dar una vuelta, aprovechando que el albergue está en el centro mismo, en el casco antiguo. Veo parte de la muralla y la Catedral, solo desde fuera, ya que no quiero entrar con la mochila a cuestas. Vuelvo al albergue, me aseo y salgo a recorrer Lugo y comer algo. Conseguir el sello de la Catedral me cuesta varios viajes a la misma; no doy con la Sacristía abierta, vaya. Por fin, después de comer, consigo el sello. Para comer opto por uno de los muchos restaurantes del casco antiguo, donde ofrecen menús por 10 o 12 euros. Elijo uno en el que pido de primero pimientos rellenos de marisco y merluza a la gallega de segundo. Lo acompaño con un Ribeiro de la casa que resulta estar mejor de lo que esperaba. Nada mal, no señor.

Tras callejear otro poco más busco algún sitio donde poder comprar algo de pan, queso y fruta para cenar y el desayuno de mañana, tras lo cual vuelvo al albergue a descansar. Casualmente en el albergue encuentro a Gunter, que junto a la mayor parte del grupo se aloja en albergue de la Chanca. Me cuenta que Helmut, Irna, Paul y él mismo parecen decididos a tomar la variante de Sobrado, como yo mismo. Thierry duda, no lo tiene claro. Nos despedimos y quedamos en vernos en Friol.

Después de la cena y antes de que sea muy tarde invito a Lino a tomar un coñac, ya que mañana será mi cumpleaños. Me dice que nones, que me invita él, que mi cumpleaños es mañana y hoy es hoy. Vamos a una cafetería de la cercana plaza y no puedo evitar que se me adelante al pagar. Es un gran tipo

No quisiera terminar la crónica del día sin hacer mención de Iris, la hospitalera. Una joven galleguiña que muestra interés por lo que hace; nos aconseja sitios para visitar, para comer, para comprar. Nos cuenta sobre Lugo y sus gentes y también nos escucha a nosotros. Encantadora.

Camino Primitivo: planificación

Si el tiempo y las circunstancias lo permiten, el próximo 22 de abril me pondré nuevamente en marcha para emprender una experiencia que hace tiempo que tengo ganas de acometer: el Camino Primitivo, yo solo. Bueno, solo: ya sabemos que es muy difícil estar solo en el Camino; me refiero a que me voy sin acompañantes. Hacer el Norte y el Francés ha sido una experiencia inolvidable que me permitió ampliar lazos con quienes ya conocía y descubrir a una compañera con un corazón y una humanidad de una calidad difícilmente igualable, pero ya es hora de que emprenda la marcha a mi aire, a mi ritmo, andando o deteniéndome según me pida el cuerpo.

La previsión es salir hacia Madrid el lunes 22 de abril en AVE, para tomar el autobús hasta Oviedo, donde debería llegar en torno a las tres y media de la tarde. Al día siguiente, el 23 de abril (San Jorge), empezaría la primera de las 12 etapas en las que pienso repartir los trescientos y pico kilómetros de camino, a un promedio de unos 27 por día. Si se cumplen las previsiones, el sábado 4 de mayo llegaré a Santiago, donde me esperará Merche, mi incondicional; sin su soporte nunca hubiera podido llevar a cabo estas experiencias. Al día siguiente, domingo 5 de mayo, vuelta en avión a Valencia.

Leyendo aquí y allá sobre el Primitivo, me encontré con una posibilidad que inmediatamente me cautivó: la posibilidad de enlazar con el camino del Norte y así salir más tarde al Francés, en Arzúa en vez de en Melide. El enlace deja el Primitivo en Lugo y pasando por Friol se une al camino Norte en Sobrado dos Monxes, lo que me terminó de convencer por los buenos recuerdos que guardo del paso por aquellos parajes y de la estancia en el magnífico albergue del monasterio. Ahondando todavía más en la materia encontré que hay incluso una segunda variante que se aparta un poco del camino Norte en Boimorto, para enlazar con el Francés no en Arzúa, sino en Santa Irene, ya muy cerca de O Pedrouzo. Así las cosas, decidí realizar esta variante, que se muestra en el siguiente mapa:

Camino Primitivo, variante enlace con el Camino del Norte

De este modo la planificación de etapas queda como se muestra aquí:

EtapaFechaLocalidad partidaLocalidad llegadaKm
123 abrOviedoSan Juan29,20
224 abrSan JuanBodenaya26,50
325 abrBodenayaBorres28,80
426 abrBorresBerducedo29,40
527 abrBerducedoCastro25,90
628 abrCastroPadrón22,20
729 abrPadrónO Cádavo Baleira23,40
830 abrO Cádavo BaleiraLugo30,20
91 mayLugoFriol26,50
102 mayFriolSobrado dos Monxes25,10
113 maySobrado dos MonxesO Pedrouzo37,00
124 mayO PedrouzoSantiago de Compostela19,40
Total323,65

Aparte de posibles imprevistos y condiciones meteorológicas adversas, tendré que tener en cuenta la distancia a recorrer en la penúltima etapa, los 37 kilómetros desde Sobrado hasta O Pedrouzo. Mi intención es llegar hasta O Pedrouzo y así tener una última etapa muy cómoda, pero si se me hiciera muy larga podría terminar en Santa Irene, restando así unos pocos kilómetros (que, obviamente, tendría que hacer al día siguiente). Aunque esta sea la previsión, me dejaré llevar por las circunstancias; cualquier etapa podría verse acortada o alargada según vayan las cosas. Por este motivo no he reservado ni tengo idea de reservar en ningún albergue; el tiempo y otros factores decidirán por mi.

Apenas tres semanas para empezar; no veo el momento de partir.

Santiago, por fin

Santiago, por fin. Después de dos años en los que, por distintas circunstancias, no pudimos completar nuestra experiencia, hemos completado el Camino Francés, desde St. Jean Pied-de-Port hasta Santiago de Compostela. Según dice en el certificado que nos entregaron en la Oficina de Atención al Peregrino, en Santiago, 799 kilómetros. Una pena, por apenas uno más no llegamos a los 800: me encantan los números redondos y el 8, además, es mi número.

Estaba eufórico. Llevaba mucho tiempo esperando el momento y no veía la hora de partir. Durante semanas había estado haciendo planes, revisando etapas, realizando reservas en loa albergues seleccionados, comprando billetes para los viajes, adquiriendo el material que había decidido renovar para esta ocasión, por tener ya muy usado: mochila, botas, calcetines, etc. Esta ocasión tan especial lo fue todavía más porque Merche se unió a nosotros en los últimos kilómetros. El fin de semana en que llegamos a Santiago ella viajó a Santiago; aprovechó para visitar Fisterra y el domingo nos esperó en el Monte do Gozo para andar con nosotros, conmigo, los últimos kilómetros hasta Santiago.

Contra todo pronóstico, no podíamos tener peor comienzo. Todo dispuesto para el viaje, las mochilas a punto, los billetes comprados, los albergues reservados … Y justo el día antes de la partida recibimos la noticia: por asuntos personales Virginia no puede venir con nosotros. No puede ser; juntos desde St. Jean y juntos tenemos que llegar a Santiago. Pero no, no es posible; no seremos cuatro, sólo tres. No me lo podía creer, y tentado estuve muchas veces de cancelarlo todo y esperar a una nueva ocasión, pero con todas las reservas hechas y las vacaciones solicitadas para la ocasión era difícil volverse atrás, sin hablar del hecho de que Virginia no hubiese consentido que canceláramos todo por su causa.

Así que, con el corazón encogido, el viernes 6 de octubre Lur y yo viajamos en AVE hasta Madrid. Allí, en la estación de autobuses, nos esperaría Carmenxu, donde cogeríamos el autobús que nos llevaría hasta Ponferrada, final de etapa el 8 de octubre de 2014 y punto de partida de los 207 kilómetros que nos restaban hasta Santiago. Yo todavía mantenía la esperanza de que en el último momento se hubiera resuelto todo y que encontraríamos a Vir en la estación, esperándonos para emprender viaje con nosotros. Pero no, no fue así, y la alegría del reencuentro con Carmenxu, después de tanto tiempo, no pudo tapar del todo la sombra de la pena por la falta de Vir. Así las cosas, Lur, Carmenxu y yo emprendimos el viaje hacia Ponferrada. Al llegar, nos dirigimos al albergue de San Nicolás, el albergue municipal, que ya conocíamos por haber hecho uso de sus instalaciones en su día, tras finalizar la etapa, para asearnos antes de emprender el viaje de regreso a Madrid y, Lur y yo, después a Valencia.

 

Etapas

Aunque siempre tomamos como punto de partida las etapas sugeridas en las guías sobre el Camino, intentamos adaptarlas a nuestras necesidades, preferencias y posibilidades. En esta ocasión decidimos hacer algunos cambios para acortar alguna etapa, especialmente la que finaliza en O Cebreiro. Hacer 28,5 kilómetros desde Villafranca del Bierzo, terminando con los 8 kilómetros de la subida a O Cebreiro se nos antojaba quizá demasiado pesado. Así que decidimos terminar la etapa en Las Herrerías, justo al inicio de la subida, para afrontar el ascenso al inicio de etapa, descansados y con el fresco de la mañana. Junto con algún otro ajuste, así quedó la planificación de las etapas:

Etapa Fecha Localidad inicio Localidad llegada Km totales
1 7 oct. Ponferrada Villafranca del Bierzo 22,90
2 8 oct. Villafranca del Bierzo Las Herrerías 20,10
3 9 oct. Las Herrerías Fonfría 20,40
4 10 oct. Fonfría Sarria 27,00
5 11 oct. Sarria Portomarín 23,10
6 12 oct. Portomarín Palas de Rei 25,10
7 13 oct. Palas de Rei Ribadixo de Baixo 25,80
8 14 oct. Ribadixo de Baixo O Pedrouzo 22,80
9 15 oct. O Pedrouzo Santiago de Compostela 20,30
207,50

Saliendo de Ponferrada

Saliendo de Ponferrada

9 etapas, a una media de 23 kilómetros por día. En principio bastante asequible; con seguridad podríamos terminarlas sin problemas físicos serios, mas allá de las habituales molestias musculares, de pie o rodilla o alguna ampolla. En fin, que no deberían ser muy distintas a cualquiera de las anteriores etapas andadas hasta el momento. Pero sí, esta vez ha habido una novedad: en vista de las altas temperaturas que todavía se esperaban (podrían superar los 30º), decidimos madrugar y aprovechar en lo posible las horas más frescas y así evitar en lo posible las horas de más calor. Así lo hicimos, y el sábado 7 de octubre, a las 6:34 de la mañana, tras haber desayunado en el albergue, nos pusimos por fin en marcha.

Pocos hechos notorios a lo largo de las nueve etapas realizadas. Bueno, miento, ya que en realidad han sido infinitos: cada minuto, cada paso, cada instante vivido, cada respiración, cada latido, cada piedra del camino, cada árbol, cada nube, cada punzada de dolor, cada encuentro, cada palabra dicha o escuchada; todos, absolutamente todos los momentos vividos en este Camino son para el recuerdo. Detallarlos todos resultaría imposible, así que me limitaré a reseñar únicamente algunos de ellos, los más destacables.

Ponferrada

Aunque Ponferrada no haya sido una de las etapas propiamente dichas, merece la pena mencionarla porque aquí empezamos a trabar contacto con varios peregrinos con los que coincidimos en varias ocasiones a lo largo del camino. La habitación que ocupamos era de cuatro plazas: nosotros tres y un cuarto ocupante que se presentó como «Pierre, from Belgique». Durante la cena, que tomamos en el albergue, coincidimos en la mesa con un peregrino con aspecto de australiano y dos chicas que venían desde Roncesvalles: la vasca (perdona, no recuerdo tu nombre) y Gloria, de Madrid. El australiano resultó llamarse Juan Carlos y ser de Málaga, y las chicas se habían preparado para cenar una olla de lentejas impresionante. Al día siguiente la vasca nos contaba que no había podido dormir por la digestión tan pesada que había tenido. Normal.

Villafranca del Bierzo

Como ya he dicho anteriormente, salimos de Ponferrada pronto, todavía a oscuras. O casi a oscuras, puesto que teníamos luna llena. Al principio alumbrábamos el camino con la luz de nuestros frontales, pero pronto decidimos apagarlos y continuar únicamente con la luz de la luna. Tanto en esta etapa como en las siguientes, esas primeras horas de marcha, descansados, en penumbra, con temperaturas frescas, nos permitían avanzar bastantes kilómetros con relativa facilidad. Como inconveniente, atravesar algunos parajes sin la suficiente luz nos podía privar de la visión de paisajes que hubiera valido la pena contemplar. O no, quien sabe …

Albergue de la Piedra

Albergue de la Piedra

El final de la primera etapa se hizo pesado, por ser la primera y por resultar más larga de lo que la guía indicaba (¡puñeteras guías!). Aunque como más tarde comentaba un peregrino con el que coincidimos, da igual que la etapa sea de 15, 25 o 35 kilómetros: los dos últimos se hacen eternos. Llegamos a Villafranca del Bierzo, donde nos llevamos una de las sorpresas más agradables que hemos tenido en todo el Camino. Teníamos reserva en el Albergue de la Piedra; al llegar nos recibió Livia, quien ya desde el primer momento nos causó una muy buena impresión. Nos asignó un apartado para tres, según sus propias palabras; una habitación limpia, aseada, con sábanas de verdad, que se cambian a diario y con una pared a la que asomaba la propia roca de la montaña. Un auténtico lujo, uno de los mejores albergues que hemos encontrado en el Camino, y muy en gran parte debido a quienes lo llevan, a Livia y Unai, su pareja. Ellos, madrileños, decidieron hace años cambiar su vida en la capital para montar el albergue. A él apenas lo vimos unos minutos, por tener el día libre, pero cuanto pudimos ver de Livia fueron amabilidades y desvelos para con los peregrinos, incluso para los que no se alojaban en su albergue; en un par de ocasiones pudimos ver cómo se preocupó de encontrar alojamiento para peregrinos que llegaban después de ocuparse todas las plazas del albergue. Desde aquí, mi agradecimiento por la atención y el trato recibido.

Las Herrerías

Camino a Las Herrerías tuvimos uno de los momentos más divertidos que recuerdo. En un momento en que hicimos una pequeña parada para descansar un poco y beber un trago de agua vimos un pequeño parque infantil junto al camino. Y como los niños que en el fondo somos, allá que nos fuimos de cabeza. Carmenxu y Lur disfrutaron de lo lindo en los columpios, pese a la calificación de peregrinas de mierda a la que hizo alusión Carmenxu; y yo también, claro (yo también fui peregrino de mierda y pasé un rato muy divertido).

En Las Herrerías coincidimos con Gloria, que se había quedado allí por haberse lesionado una pierna. Nos contó que desde luego no pensaba abandonar (venía desde Roncesvalles), así que había considerado subir O Cebreiro a caballo al día siguiente y luego … pues ya se vería, en función de como se encontrara. La volvimos a ver en el Monte do Gozo y en Santiago. Después de haberse tomado algún día de descanso llegó andando, como una campeona.

También allí coincidimos con Sandra, otra chica madrileña a quien vimos por primera vez sellando la credencial en la parroquia de Fuentes Nuevas. Llevaba dos credenciales, la suya y la de un amigo para quien pedía también el sello. Una forma muy cómoda de hacer el camino, la del amigo. Allí quedaron en una mesa Gloria, Sandra y una chica de Alicante, tomando birras, mientras nosotros íbamos a descansar y continuar con la colada. Juventud, divino tesoro …

Y fue también en Las Herrerías donde tuve uno de los momentos más emotivos. Sentados a la mesa para la cena, recibo un whatsapp de Vir, con una foto del billete de tren a Sarria, para el miércoles 11. Me pidió que guardara el secreto, para sorprender a las chicas; como justamente estábamos hablando de ella, tanto Lur como Carmenxu interpretaron que mis lágrimas eran por la tristeza de su falta, pero en realidad eran por la emoción de saber que íbamos a llegar a Santiago los cuatro. Fue duro guardar silencio, pero no dije nada.

O Cebreiro y Fonfría

Nos encaminamos hacia la subida a O Cebreiro bien de mañana; a medida que van pasando los días la luna está menos llena, lo que nos obliga a hacer uso cada vez más de los frontales. Además, los primeros kilómetros de subida transcurren por el interior de bosque, por lo que la oscuridad es todavía mayor. Excepto algún pequeño tramo en la primera parte de la subida, la pendiente no resulta tan dura como temíamos. A medida que ascendemos el terreno se suaviza y se despeja, al tiempo que aumenta la luz, lo que nos permite disfrutar de los maravillosos paisajes ante nuestros ojos. Lamentablemente también se confirman nuestros temores acerca de una luz rojiza que veíamos tras la montaña: se trata de un incendio. Nos llega claramente el olor a humo, mientras que una nieve de cenizas cae sobre nosotros. Algún peregrino tiene la precaución de llamar al 112, donde nos informan de que el incendio no afecta al camino y que podemos continuar sin riesgo. Así pues, continuamos; sin riesgo, pero con preocupación y tristeza.

Al llegar a la parte alta, entramos en Galicia. Cada vez estamos más cerca de Santiago. De camino a Fonfría todavía tenemos que subir el puerto del Pollo, un puñetero rompepiernas con una pendiente asesina que, por suerte, no es de mucha longitud. Ya cansados llegamos a Fonfría, donde nos esperaban unas cuantas sorpresas.

Coincidimos otra vez con Pierre, y digo otra vez porque también coincidimos en Villafranca y en Las Herrerías. Me viene ahora a la memoria cuando lo vi en Villafranca, en el albergue de la Piedra; estaba esperando a que yo terminara de hacer uso del lavadero, y le saludé «Hi, Pierre!». Me miró, confundido, y me preguntó «Nos conocemos?», a lo que yo le respondí «Claro! Anoche compartimos habitación!». Se rió y dijo «Javier, from Spain!».

La cena resultó muy interesante y emotiva. Cenamos en una dependencia del albergue, una construcción típica de la zona, de forma circular. A ambos lados de una larga mesa curva nos sentamos los peregrinos alojados en el albergue y alguno que venía de otro. Allí conocimos a Carol, una peregrina americana que estaba haciendo el Camino en apoyo a las víctimas del huracán Irma; no volvimos a coincidir con ella. También conocimos a Vittorio, un italiano de la Toscana que entabló conversación con Carmenxu, que había estado por la zona el pasado verano. Una persona muy interesante y todo un atleta, que más que caminar corría, siempre en camiseta y pantalón cortos, sin importar el tiempo. Con él si coincidimos varias veces, y siempre que nos veía saludaba alegremente a Carmenxu «¡¡Carmen!!»; los demás simplemente no existíamos. Viajaba con un compañero corso completamente opuesto a él. Parecían el punto y la i, o el dúo sacapuntas.

Sarria

Llegamos a Sarria. Desde aquí empieza mucha gente su andadura en el Camino, debido a que se encuentra a poco más de 100 kilómetros de Santiago y está relativamente bien comunicada (el mínimo para que un peregrino pueda recibir la Compostela son precisamente 100 kilómetros, si se hace a pie). Así que si hasta aquí habíamos ido en romería, a partir de este punto el Camino ya se convertía en procesión, tantos eran los peregrinos que coincidíamos. Durante la comida conocimos a dos parejas de valencianos que acababan de llegar para dar inicio a su experiencia. Coincidimos con ellos en varias ocasiones, hasta Santiago. También nos encontramos con un chico valenciano que era de mi barrio, aunque ahora vive en Mallorca. Había ido al mismo colegio que mis hijos.

Aquí tuve la mala suerte de que mi móvil cayó al suelo y quedó inutilizable, lo que me tuvo buena parte de la tarde ocupado en intentar resolver el problema, hasta que al fin opté por adquirir uno que me sirviera para poder continuar comunicado. Entre otras cosas necesitaba mantener el contacto con Vir, que llegaba al día siguiente.

Portomarín

De camino a Portomarín pasamos el kilómetro 100 del Camino. El de verdad y media docena más de mojones en los que alguien había escrito con rotulador la cifra 100,00 en el lugar que debía ocupar la placa indicadora de la distancia. Me gustaría hablar sobre el lamentable estado en el que hemos encontrado muchas cosas en el Camino, especialmente los mojones indicadores, pero será en otro momento.

Lo importante del día fue que, después de superar diversas vicisitudes, por fin llegó Vir. Yo estaba algo inquieto porque al llegar al albergue tendría que decir que eramos cuatro, pero que la cuarta todavía no había llegado. Vir había hablado con la hospitalera para que nos siguiera el juego, pero cuando llegamos nosotros no estaba ella, sino su marido. Así que le dije que éramos tres y cuando ya entramos a la habitación, volví a salir con alguna excusa y le explique al hombre la situación, pidiéndole que mantuviera reservada la cuarta litera. Vir me mantenía informado de su situación, y justo cuando estaba llegando a Portomarín en taxi desde Sarria, Carmenxu decidió salir a dar una vuelta y a misa; decidí acompañarla para tenerla localizada. Mientras íbamos calle abajo, hacia la plaza, vi llegar el taxi que traía a Virginia. Tomé a Carmenxu de la mano y le dije que teníamos que volver. Me miró extrañada mientras me preguntaba si pasaba algo; por toda respuesta me limité a señalar al taxi, del cual bajó entonces Vir y … bueno, pocas veces he visto tanta emoción en un abrazo como en el que se fundieron Carmenxu y Vir. Después de más besos y abrazos vinieron todas las explicaciones, y por fin pude liberarme y dejar salir toda la tensión que había ido acumulando.

Palas de Rei y Ribadixo de Baixo

Poco que destacar de estas dos etapas. Lo importante es que ya estábamos juntos los cuatro, y que poco a poco nos íbamos acercando a la meta. Cada día un poco más cerca, cada paso un paso más cerca.

En Palas de Rei decidimos darnos un pequeño homenaje a base de productos de la tierra, cenando en una pulpería que nos habían recomendado. Pulpo, pimientos de Padrón, queso de Arzúa, Ribeiro … no estuvo nada mal, no señor.

O Pedrouzo

El 14 de octubre llegamos a O Pedrouzo. Los últimos kilómetros se hicieron pesados, parecía que no íbamos a llegar nunca. El cansancio de los kilómetros acumulados, junto al hecho de que ya varios kilómetros antes de llegar se pueden ver carteles anunciadores de los albergues disponibles, lo que crea la falsa ilusión de que tras el próximo recodo verás aparecer el pueblo. Pero a ese recodo le sigue otro, y luego otro, y otro …

Arzúa, O Pedrouzo, sitios ya conocidos por Lur y por mi, de cuando hicimos el Camino del Norte. De hecho, el albergue en el que nos alojamos, Edreira, es el mismo en el que Miguel, Lur y yo nos alojamos en su día. Después de asearnos decidimos ir a comer algo y después hacer algunas compras para la cena y el desayuno del día siguiente, que tomaríamos en el albergue. Acordamos levantarnos a las 5:00 h, desayunar y estar de camino a las 6:00 h como tarde; Vir y Carmenxu querían llegar con tiempo para la misa de peregrinos de las 12:00 h. Durante toda la tarde se nos nota la alegría y la emoción, junto con algo de nerviosismo. ¡Ya llegamos!

Santiago

Tal y como habíamos acordado, el domingo 15 de octubre nos ponemos en marcha a las 6:00 h de la mañana. El tiempo fresco y las ganas de llegar impulsan nuestras piernas, y apenas unos minutos después de las 10:00 h estamos en el Monte do Gozo. Allí nos espera Merche, mi compañera en tantos viajes a lo largo de toda mi vida, mi soporte, mi amor. Aunque no has estado físicamente con nosotros durante el Camino siempre has estado a mi lado, apoyándome, haciéndome llegar tu aliento y cariño en todo momento, dándome fuerzas para poder continuar un paso tras otro. Y ahora me haces el regalo más bonito: entrar conmigo en Santiago.

Allí nos enteramos de que por obras en el puente de entrada tenemos que dar un rodeo que alarga el trayecto dos kilómetros más. Son sólo 2 kilómetros, pero si queremos entrar con tiempo antes de las 12:00 h hay que ponerse en marcha, teniendo en cuenta además el tiempo invertido en el Monte para descansar, las fotos de rigor, sellar, etc. Nos pusimos nuevamente en marcha. El final estaba ya cerca, muy cerca.

Y así, poco antes de las 12:00 h del mediodía, entramos por fin en la Plaza del Obradoiro. Dejamos que afloren nuestras emociones y sentimientos y entre lágrimas y risas, besos y abrazos, somos conscientes de haber llegado a nuestro destino. Hemos llegado a Santiago, después de 31 etapas, 799 kilómetros, más de un millón de pasos.

Muchas cosas que hacer en Santiago y muy poco tiempo: visitar la Catedral, sellar la credencial y obtener la Compostela, reponer fuerzas, alguna compra … Ante todo disfrutar, disfrutar cada instante al máximo, llenarnos de Santiago, asumir la empresa y grabar nuestra memoria con todos los recuerdos posibles.

Finalmente llega el momento de las despedidas; Merche y yo viajamos al día siguiente en avión hasta Valencia. Lur lo hizo en tren, pasando por Madrid. Vir y Carmenxu también en tren, aunque unas horas más tarde. Volvemos a nuestras vidas, aunque ya no seremos los mismos.

 

Vergüenza

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Quien me lo iba a decir a mi: no puedo estar más de acuerdo con el Papa Francisco: «sólo me viene la palabra vergüenza, es una vergüenza». Lo es, es la mayor vergüenza que puede caer sobre nosotros. Mientras vemos en las noticias los maletines negros de dinero negro que circulan alrededor de Carlos Fabra, que nuestro presidente se hace la foto en Fukushima para subir enteros (por cierto mientras se estaba produciendo una nueva fuga radioactiva)

 

Los Arcos

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Hoy ya, definitivamente, nos adentramos en los llanos. La primera parte de la etapa, hasta Villamayor de Monjardin, ha sido bastante llevadera. Tiempo fresco, paisaje todavía bastante arbolado y sin grandes pendientes. Alguna parada para reposar unos minutos y reponer fuerzas con pan, queso y algo de fruta. Al pasar por Azqueta no puedo evitar sentir pena al ver el asiento vacío del bueno de Pablito, quien tanto ha hecho por tantos y tantos peregrinos.
La segunda parte de la ruta ha resultado más cansada. Los 12 kilómetros entre Monjardin y Los Arcos, sin fuentes ni apenas una sombra donde poder reponerse y descansar, suponen un buen castigo para nuestras piernas. Aun así nada que ver con la misma etapa de hace tres años, con Virginia y Carmentxu: mientras hoy la hemos andado acompañados de un viento fresco que hacía más llevadero el caminar, en aquel entonces el calor hizo todavía más dura una etapa que ya lo es de por sí. Además, mientras que hoy nos hemos quedado en Los Arcos, en aquella ocasión sumamos 6 kilómetros más a la etapa, para llegar a Torres del Río. La contrapartida es que mañana tendremos que caminar esos 6 kilómetros más, aunque esperamos hacerlos en condiciones más llevaderas.
También hoy hemos visto pasar a los tres ciclistas barbudos, aunque posteriormente no los hemos encontrado en Los Arcos. Quizá hayan continuado hasta Sansol o Torres del Río o incluso más allá. En todo caso, puesto que nosotros nos quedaremos en Logroño, dudo mucho que volvamos a coincidir con ellos. Me quedaré con las ganas de preguntarles por su particular forma de hacer el Camino en bicicleta.

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Estella

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Llegamos a Estella. Una etapa no demasiado larga, unos 22 kilómetros y medio, pero que se ha hecho incómoda en ocasiones por el viento frío que soplaba. Hasta ahora hemos ido cómodos con una simple camiseta, pero hoy, las pocas veces que nos hemos atrevido a quitarnos la chaqueta, hemos tenido que ponerla otra vez al poco rato, más por el viento que por la propia temperatura.
Cada vez se nota más que vamos dejando atrás los montes navarros y que nos adentramos en terreno más llano. Ya van haciendo su aparición los campos de cultivos, en su mayoría ya recogidos, y los viñedos, también despojados de su fruto. Aparecen las primeras bodegas, en las que se preparan los caldos navarros.
Hoy hemos vuelto a ver pasar el trío de ciclistas barbados. Definitivamente se están tomando el camino con mucha calma.

Al llegar a Estella nuestra primera intención ha sido, como hasta ahora, repetir albergue, así que guiado por mi memoria y ayudado por las indicaciones que encontramos nos hemos dirigido al albergue de ANFAS, en donde tan bien nos trataron la última ocasión. Para nuestra sorpresa nos lo hemos encontrado cerrado; ¿quizá no abran en octubre? Fallo mío al no haberlo comprobado previamente, así que nos hemos dirigido hacia el más próximo, el albergue Parroquial. Puesto que sí habían plazas disponibles decidimos quedarnos, a pesar de que nos informan de que disponen de habitaciones separadas para chicos y chicas. Me parece un tanto anacrónico, pero no nos preocupa demasiado porque en todo caso ni buscamos ni íbamos a disponer de intimidad. El hospitalero que en principio nos atiende me resulta conocido y así se lo digo. Resulta ser de Valencia y nos indica que posiblemente nos hayamos encontrado en alguna asociación de amigos del Camino; efectivamente así fue, y de hecho recuerdo que fue él quien nos atendió la última vez, cuando fuimos a por las credenciales para este tramo, lo cual confirma al reconocer su letra. El mundo es un pañuelo; y Valencia un moco, que diría mi amiga Marisol.

Esta noche Lur y yo hemos decidido darnos un pequeño homenaje gastronómico y hemos ido a cenar a un asador. Lur escoge de primero arroz negro y yo me decanto por un plato de pochas con guindillas; de segundo coincidimos con la chuleta de cerdo a la brasa. Para postre, Lur prefiere tarta, mientras que yo sin dudar (lo tenía muy claro desde que lo vi en el cartel del menú)  pido una típica cuajada de la zona, con ese sabor ahumado tan peculiar. Tod acompañado con una botella de sidra; no ha estado nada mal.

Puente la Reina

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Desde Pamplona a Puente la Reina. 25 kilómetros que han dejado nuestras piernas doloridas y nuestros pies lastimados y con necesidad de alguna cura. Además de la distancia, buena parte de la culpa la tiene el Alto del Perdón, pero no por la subida, bastante menos dura de lo que parece, sino por la bajada: una larga y sinuosa pendiente cubierta enteramente de piedras. Una pendiente que parece no tener fin y que es de lo peor para las piernas y los pies. Al fin el resultado es el que cabría esperar y ni nos hemos movido del albergue, para tener unas horas de descanso y recuperación. Mañana, al salir, habrá tiempo de ver el pueblo y, como no, el magnífico puente que da nombre a la población.
En el albergue hemos encontrado un grupo de chicos que nos llaman tremendamente la atención: tres chicos que van haciendo el Camino en bicicleta. Vale, como tantos otros, ¿no? Pues no, van en bicicleta pero a ritmo de a pie. Los vimos por primera vez saliendo de Roncesvalles; uno de ellos había tenido un problema mecánico y más tarde vimos como iba remolcado por otro de ellos. Los volvimos a ver en Zubiri, donde supusimos que se detuvieron para reparar la bicicleta averiada. Al día siguiente, a media mañana, nos alcanzaron donde nos habíamos parado a descansar unos minutos, y pensamos que ya no los volveríamos a ver. Estábamos muy equivocados: los vimos en Pamplona, ¡en el mismo albergue en que estábamos! Y ya la sorpresa ha sido mayúscula cuando esta mañana, cuando llevábamos más de media etapa caminada, los hemos visto pasar. Y, ¿lo adivinas? Están aquí, en Puente la Reina, en el mismo albergue que nosotros. Curioso trío.
También hemos visto al australiano, aunque estábamos cenando y el no nos ha visto. Quizá mañana coincidamos en el camino.
Mañana a Estrella, prólogo de una de las etapas más duras de este tramo, la que atraviesa el páramo que lleva a Los Arcos.

Pamplona

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Ayer no escribí sobre Zubiri, que es donde hemos pasado la noche. Pero no fue, como me ha ocurrido en otras ocasiones, por cansancio. Realmente escribí, pero lo hice sobre Roncesvalles, que es donde habíamos llegado el día de antes. Y no porque no haya nada que decir sobre esta etapa, sino porque quería hablar sobre Roncesvalles, sobre la etapa que quería repetir para poder disfrutar de los paisajes que hace tres años la niebla me negó.

Hoy hemos llegado a Pamplona, tercera etapa del Camino. Una etapa muy parecida a la de ayer: similares distancias (en torno a los 20 kilómetros), similares paisajes, parecidas sensaciones. La de ayer con un final un poco más incómodo, por la bajada hasta Zubiri; hoy nos lo hemos tomado con un poco más de calma, haciendo alguna parada más y un poco más prolongadas. Aun así los kilómetros finales pesan en las piernas y en las espaldas y hacen que sintamos ganas de llegar por fin al destino.

Las predicciones meteorológicas no eran muy buenas, y la probabilidad de lluvias bastante grande. Afortunadamente la lluvia no ha llegado hasta la tarde, cuando ya habíamos llegado a Pamplona y estábamos a cubierto. Pero no podemos descartar, por las fechas en que estamos, que tengamos que hacer alguna etapa, al menos en parte, con lluvia. Por el momento estamos siendo muy afortunados con el tiempo. Toquemos madera y esperemos que siga así.

Roncesvalles

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En Camino otra vez. Después de superar unas cuantas dificultades por fin hemos conseguido volver a ponernos en marcha, aunque en mi caso sea para repetir. Mi muy querida Lur se apuntó al Camino Francés cuando Virginia, Carmentxu y yo ya  habíamos andado el primer tramo, desde Saint Jean Pied de Port hasta Logroño. Este año tendríamos que haber hecho el último tramo, desde Ponferrada hasta Santiago, pero por diversas circunstancias no ha sido posible. Así que Lur y yo decidimos que podíamos hacer ese primer tramo, ella para poder tener el Camino completo cuando el año que viene terminemos y yo… porque cualquier excusa es buena para calzarse las botas y echarse a caminar. Bueno, y también por otro motivo: cuando hace tres años hicimos Virginia, Carmentxu y yo la primera etapa, desde Saint Jean hasta Roncesvalles, tuvimos la mala suerte de hacerla con una intensa niebla que nos impidió disfrutar de los paisajes de los que habíamos oído hablar y que motivaron que iniciáramos el Camino desde Saint Jean, en vez de hacerlo desde Roncesvalles. Así que me pareció una muy buena oportunidad de repetir la etapa.
Y la suerte nos acompañó en esta ocasión. Disfrutamos de un tiempo idóneo para la marcha: despejado en su mayoría, aunque a veces alguna nube cubría el sol, con un viento fresco que facilita mucho el andar, especialmente cuando tienes que hacerlo cuesta arriba y con 9 kilos a la espalda, además de los propios. Pero esto no quita el hecho de que sea una etapa dura: subir desde los aproximadamente 200 metros de Saint Jean hasta casi 1.400, para luego bajar a los 800 de Roncesvalles resulta un auténtico rompe piernas, haga mal o buen tiempo. En esta ocasión para la bajada optamos por la variante suave, que tampoco es que sea un paseo dominical, pero es bastante más llevadera que la bajada original, kilómetros y kilómetros de fuertes pendientes que resultan completamente agotadoras.
Y así, tras algo más de 7 horas de marcha, llegamos a Roncesvalles. En su día me admiró el albergue, y en esta ocasión ha vuelto a hacerlo. Su ubicación, en el impresionante edificio de la Colegiata, y lo bien organizado y conservado de de sus instalaciones hacen que la estancia sea una auténtica maravilla.
A la hora de la cena compartimos mesa con un Australiano cuyo nombre no recuerdo (la verdad es que ni lo llegué a entender, por el fuerte acento del inglés hablado en Australia). Nos contó parte de su vida y de como conoció a su partner española, motivo por el cual él está ahora en España. Nos habló de las rutas que el hacía en su tierra, de varios cientos de kilómetros y con mochila de hasta 20 kilos. En algunos parajes hay que llevar hasta 6 litros de agua, por la imposibilidad de encontrarla en el camino. Ahora está retirado, y se dedica a viajar de un sitio a otro, para estar con su familia, desperdigada por distintos puntos de Australia y España. De mayor quiero ser como él.

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