Santiago, por fin

Santiago, por fin. Después de dos años en los que, por distintas circunstancias, no pudimos completar nuestra experiencia, hemos completado el Camino Francés, desde St. Jean Pied-de-Port hasta Santiago de Compostela. Según dice en el certificado que nos entregaron en la Oficina de Atención al Peregrino, en Santiago, 799 kilómetros. Una pena, por apenas uno más no llegamos a los 800: me encantan los números redondos y el 8, además, es mi número.

Estaba eufórico. Llevaba mucho tiempo esperando el momento y no veía la hora de partir. Durante semanas había estado haciendo planes, revisando etapas, realizando reservas en loa albergues seleccionados, comprando billetes para los viajes, adquiriendo el material que había decidido renovar para esta ocasión, por tener ya muy usado: mochila, botas, calcetines, etc. Esta ocasión tan especial lo fue todavía más porque Merche se unió a nosotros en los últimos kilómetros. El fin de semana en que llegamos a Santiago ella viajó a Santiago; aprovechó para visitar Fisterra y el domingo nos esperó en el Monte do Gozo para andar con nosotros, conmigo, los últimos kilómetros hasta Santiago.

Contra todo pronóstico, no podíamos tener peor comienzo. Todo dispuesto para el viaje, las mochilas a punto, los billetes comprados, los albergues reservados … Y justo el día antes de la partida recibimos la noticia: por asuntos personales Virginia no puede venir con nosotros. No puede ser; juntos desde St. Jean y juntos tenemos que llegar a Santiago. Pero no, no es posible; no seremos cuatro, sólo tres. No me lo podía creer, y tentado estuve muchas veces de cancelarlo todo y esperar a una nueva ocasión, pero con todas las reservas hechas y las vacaciones solicitadas para la ocasión era difícil volverse atrás, sin hablar del hecho de que Virginia no hubiese consentido que canceláramos todo por su causa.

Así que, con el corazón encogido, el viernes 6 de octubre Lur y yo viajamos en AVE hasta Madrid. Allí, en la estación de autobuses, nos esperaría Carmenxu, donde cogeríamos el autobús que nos llevaría hasta Ponferrada, final de etapa el 8 de octubre de 2014 y punto de partida de los 207 kilómetros que nos restaban hasta Santiago. Yo todavía mantenía la esperanza de que en el último momento se hubiera resuelto todo y que encontraríamos a Vir en la estación, esperándonos para emprender viaje con nosotros. Pero no, no fue así, y la alegría del reencuentro con Carmenxu, después de tanto tiempo, no pudo tapar del todo la sombra de la pena por la falta de Vir. Así las cosas, Lur, Carmenxu y yo emprendimos el viaje hacia Ponferrada. Al llegar, nos dirigimos al albergue de San Nicolás, el albergue municipal, que ya conocíamos por haber hecho uso de sus instalaciones en su día, tras finalizar la etapa, para asearnos antes de emprender el viaje de regreso a Madrid y, Lur y yo, después a Valencia.

 

Etapas

Aunque siempre tomamos como punto de partida las etapas sugeridas en las guías sobre el Camino, intentamos adaptarlas a nuestras necesidades, preferencias y posibilidades. En esta ocasión decidimos hacer algunos cambios para acortar alguna etapa, especialmente la que finaliza en O Cebreiro. Hacer 28,5 kilómetros desde Villafranca del Bierzo, terminando con los 8 kilómetros de la subida a O Cebreiro se nos antojaba quizá demasiado pesado. Así que decidimos terminar la etapa en Las Herrerías, justo al inicio de la subida, para afrontar el ascenso al inicio de etapa, descansados y con el fresco de la mañana. Junto con algún otro ajuste, así quedó la planificación de las etapas:

Etapa Fecha Localidad inicio Localidad llegada Km totales
1 7 oct. Ponferrada Villafranca del Bierzo 22,90
2 8 oct. Villafranca del Bierzo Las Herrerías 20,10
3 9 oct. Las Herrerías Fonfría 20,40
4 10 oct. Fonfría Sarria 27,00
5 11 oct. Sarria Portomarín 23,10
6 12 oct. Portomarín Palas de Rei 25,10
7 13 oct. Palas de Rei Ribadixo de Baixo 25,80
8 14 oct. Ribadixo de Baixo O Pedrouzo 22,80
9 15 oct. O Pedrouzo Santiago de Compostela 20,30
207,50
Saliendo de Ponferrada

Saliendo de Ponferrada

9 etapas, a una media de 23 kilómetros por día. En principio bastante asequible; con seguridad podríamos terminarlas sin problemas físicos serios, mas allá de las habituales molestias musculares, de pie o rodilla o alguna ampolla. En fin, que no deberían ser muy distintas a cualquiera de las anteriores etapas andadas hasta el momento. Pero sí, esta vez ha habido una novedad: en vista de las altas temperaturas que todavía se esperaban (podrían superar los 30º), decidimos madrugar y aprovechar en lo posible las horas más frescas y así evitar en lo posible las horas de más calor. Así lo hicimos, y el sábado 7 de octubre, a las 6:34 de la mañana, tras haber desayunado en el albergue, nos pusimos por fin en marcha.

Pocos hechos notorios a lo largo de las nueve etapas realizadas. Bueno, miento, ya que en realidad han sido infinitos: cada minuto, cada paso, cada instante vivido, cada respiración, cada latido, cada piedra del camino, cada árbol, cada nube, cada punzada de dolor, cada encuentro, cada palabra dicha o escuchada; todos, absolutamente todos los momentos vividos en este Camino son para el recuerdo. Detallarlos todos resultaría imposible, así que me limitaré a reseñar únicamente algunos de ellos, los más destacables.

Ponferrada

Aunque Ponferrada no haya sido una de las etapas propiamente dichas, merece la pena mencionarla porque aquí empezamos a trabar contacto con varios peregrinos con los que coincidimos en varias ocasiones a lo largo del camino. La habitación que ocupamos era de cuatro plazas: nosotros tres y un cuarto ocupante que se presentó como “Pierre, from Belgique”. Durante la cena, que tomamos en el albergue, coincidimos en la mesa con un peregrino con aspecto de australiano y dos chicas que venían desde Roncesvalles: la vasca (perdona, no recuerdo tu nombre) y Gloria, de Madrid. El australiano resultó llamarse Juan Carlos y ser de Málaga, y las chicas se habían preparado para cenar una olla de lentejas impresionante. Al día siguiente la vasca nos contaba que no había podido dormir por la digestión tan pesada que había tenido. Normal.

Villafranca del Bierzo

Como ya he dicho anteriormente, salimos de Ponferrada pronto, todavía a oscuras. O casi a oscuras, puesto que teníamos luna llena. Al principio alumbrábamos el camino con la luz de nuestros frontales, pero pronto decidimos apagarlos y continuar únicamente con la luz de la luna. Tanto en esta etapa como en las siguientes, esas primeras horas de marcha, descansados, en penumbra, con temperaturas frescas, nos permitían avanzar bastantes kilómetros con relativa facilidad. Como inconveniente, atravesar algunos parajes sin la suficiente luz nos podía privar de la visión de paisajes que hubiera valido la pena contemplar. O no, quien sabe …

Albergue de la Piedra

Albergue de la Piedra

El final de la primera etapa se hizo pesado, por ser la primera y por resultar más larga de lo que la guía indicaba (¡puñeteras guías!). Aunque como más tarde comentaba un peregrino con el que coincidimos, da igual que la etapa sea de 15, 25 o 35 kilómetros: los dos últimos se hacen eternos. Llegamos a Villafranca del Bierzo, donde nos llevamos una de las sorpresas más agradables que hemos tenido en todo el Camino. Teníamos reserva en el Albergue de la Piedra; al llegar nos recibió Livia, quien ya desde el primer momento nos causó una muy buena impresión. Nos asignó un apartado para tres, según sus propias palabras; una habitación limpia, aseada, con sábanas de verdad, que se cambian a diario y con una pared a la que asomaba la propia roca de la montaña. Un auténtico lujo, uno de los mejores albergues que hemos encontrado en el Camino, y muy en gran parte debido a quienes lo llevan, a Livia y Unai, su pareja. Ellos, madrileños, decidieron hace años cambiar su vida en la capital para montar el albergue. A él apenas lo vimos unos minutos, por tener el día libre, pero cuanto pudimos ver de Livia fueron amabilidades y desvelos para con los peregrinos, incluso para los que no se alojaban en su albergue; en un par de ocasiones pudimos ver cómo se preocupó de encontrar alojamiento para peregrinos que llegaban después de ocuparse todas las plazas del albergue. Desde aquí, mi agradecimiento por la atención y el trato recibido.

Las Herrerías

Camino a Las Herrerías tuvimos uno de los momentos más divertidos que recuerdo. En un momento en que hicimos una pequeña parada para descansar un poco y beber un trago de agua vimos un pequeño parque infantil junto al camino. Y como los niños que en el fondo somos, allá que nos fuimos de cabeza. Carmenxu y Lur disfrutaron de lo lindo en los columpios, pese a la calificación de peregrinas de mierda a la que hizo alusión Carmenxu; y yo también, claro (yo también fui peregrino de mierda y pasé un rato muy divertido).

En Las Herrerías coincidimos con Gloria, que se había quedado allí por haberse lesionado una pierna. Nos contó que desde luego no pensaba abandonar (venía desde Roncesvalles), así que había considerado subir O Cebreiro a caballo al día siguiente y luego … pues ya se vería, en función de como se encontrara. La volvimos a ver en el Monte do Gozo y en Santiago. Después de haberse tomado algún día de descanso llegó andando, como una campeona.

También allí coincidimos con Sandra, otra chica madrileña a quien vimos por primera vez sellando la credencial en la parroquia de Fuentes Nuevas. Llevaba dos credenciales, la suya y la de un amigo para quien pedía también el sello. Una forma muy cómoda de hacer el camino, la del amigo. Allí quedaron en una mesa Gloria, Sandra y una chica de Alicante, tomando birras, mientras nosotros íbamos a descansar y continuar con la colada. Juventud, divino tesoro …

Y fue también en Las Herrerías donde tuve uno de los momentos más emotivos. Sentados a la mesa para la cena, recibo un whatsapp de Vir, con una foto del billete de tren a Sarria, para el miércoles 11. Me pidió que guardara el secreto, para sorprender a las chicas; como justamente estábamos hablando de ella, tanto Lur como Carmenxu interpretaron que mis lágrimas eran por la tristeza de su falta, pero en realidad eran por la emoción de saber que íbamos a llegar a Santiago los cuatro. Fue duro guardar silencio, pero no dije nada.

O Cebreiro y Fonfría

Nos encaminamos hacia la subida a O Cebreiro bien de mañana; a medida que van pasando los días la luna está menos llena, lo que nos obliga a hacer uso cada vez más de los frontales. Además, los primeros kilómetros de subida transcurren por el interior de bosque, por lo que la oscuridad es todavía mayor. Excepto algún pequeño tramo en la primera parte de la subida, la pendiente no resulta tan dura como temíamos. A medida que ascendemos el terreno se suaviza y se despeja, al tiempo que aumenta la luz, lo que nos permite disfrutar de los maravillosos paisajes ante nuestros ojos. Lamentablemente también se confirman nuestros temores acerca de una luz rojiza que veíamos tras la montaña: se trata de un incendio. Nos llega claramente el olor a humo, mientras que una nieve de cenizas cae sobre nosotros. Algún peregrino tiene la precaución de llamar al 112, donde nos informan de que el incendio no afecta al camino y que podemos continuar sin riesgo. Así pues, continuamos; sin riesgo, pero con preocupación y tristeza.

Al llegar a la parte alta, entramos en Galicia. Cada vez estamos más cerca de Santiago. De camino a Fonfría todavía tenemos que subir el puerto del Pollo, un puñetero rompepiernas con una pendiente asesina que, por suerte, no es de mucha longitud. Ya cansados llegamos a Fonfría, donde nos esperaban unas cuantas sorpresas.

Coincidimos otra vez con Pierre, y digo otra vez porque también coincidimos en Villafranca y en Las Herrerías. Me viene ahora a la memoria cuando lo vi en Villafranca, en el albergue de la Piedra; estaba esperando a que yo terminara de hacer uso del lavadero, y le saludé “Hi, Pierre!”. Me miró, confundido, y me preguntó “Nos conocemos?”, a lo que yo le respondí “Claro! Anoche compartimos habitación!”. Se rió y dijo “Javier, from Spain!”.

La cena resultó muy interesante y emotiva. Cenamos en una dependencia del albergue, una construcción típica de la zona, de forma circular. A ambos lados de una larga mesa curva nos sentamos los peregrinos alojados en el albergue y alguno que venía de otro. Allí conocimos a Carol, una peregrina americana que estaba haciendo el Camino en apoyo a las víctimas del huracán Irma; no volvimos a coincidir con ella. También conocimos a Vittorio, un italiano de la Toscana que entabló conversación con Carmenxu, que había estado por la zona el pasado verano. Una persona muy interesante y todo un atleta, que más que caminar corría, siempre en camiseta y pantalón cortos, sin importar el tiempo. Con él si coincidimos varias veces, y siempre que nos veía saludaba alegremente a Carmenxu “¡¡Carmen!!”; los demás simplemente no existíamos. Viajaba con un compañero corso completamente opuesto a él. Parecían el punto y la i, o el dúo sacapuntas.

Sarria

Llegamos a Sarria. Desde aquí empieza mucha gente su andadura en el Camino, debido a que se encuentra a poco más de 100 kilómetros de Santiago y está relativamente bien comunicada (el mínimo para que un peregrino pueda recibir la Compostela son precisamente 100 kilómetros, si se hace a pie). Así que si hasta aquí habíamos ido en romería, a partir de este punto el Camino ya se convertía en procesión, tantos eran los peregrinos que coincidíamos. Durante la comida conocimos a dos parejas de valencianos que acababan de llegar para dar inicio a su experiencia. Coincidimos con ellos en varias ocasiones, hasta Santiago. También nos encontramos con un chico valenciano que era de mi barrio, aunque ahora vive en Mallorca. Había ido al mismo colegio que mis hijos.

Aquí tuve la mala suerte de que mi móvil cayó al suelo y quedó inutilizable, lo que me tuvo buena parte de la tarde ocupado en intentar resolver el problema, hasta que al fin opté por adquirir uno que me sirviera para poder continuar comunicado. Entre otras cosas necesitaba mantener el contacto con Vir, que llegaba al día siguiente.

Portomarín

De camino a Portomarín pasamos el kilómetro 100 del Camino. El de verdad y media docena más de mojones en los que alguien había escrito con rotulador la cifra 100,00 en el lugar que debía ocupar la placa indicadora de la distancia. Me gustaría hablar sobre el lamentable estado en el que hemos encontrado muchas cosas en el Camino, especialmente los mojones indicadores, pero será en otro momento.

Lo importante del día fue que, después de superar diversas vicisitudes, por fin llegó Vir. Yo estaba algo inquieto porque al llegar al albergue tendría que decir que eramos cuatro, pero que la cuarta todavía no había llegado. Vir había hablado con la hospitalera para que nos siguiera el juego, pero cuando llegamos nosotros no estaba ella, sino su marido. Así que le dije que éramos tres y cuando ya entramos a la habitación, volví a salir con alguna excusa y le explique al hombre la situación, pidiéndole que mantuviera reservada la cuarta litera. Vir me mantenía informado de su situación, y justo cuando estaba llegando a Portomarín en taxi desde Sarria, Carmenxu decidió salir a dar una vuelta y a misa; decidí acompañarla para tenerla localizada. Mientras íbamos calle abajo, hacia la plaza, vi llegar el taxi que traía a Virginia. Tomé a Carmenxu de la mano y le dije que teníamos que volver. Me miró extrañada mientras me preguntaba si pasaba algo; por toda respuesta me limité a señalar al taxi, del cual bajó entonces Vir y … bueno, pocas veces he visto tanta emoción en un abrazo como en el que se fundieron Carmenxu y Vir. Después de más besos y abrazos vinieron todas las explicaciones, y por fin pude liberarme y dejar salir toda la tensión que había ido acumulando.

Palas de Rei y Ribadixo de Baixo

Poco que destacar de estas dos etapas. Lo importante es que ya estábamos juntos los cuatro, y que poco a poco nos íbamos acercando a la meta. Cada día un poco más cerca, cada paso un paso más cerca.

En Palas de Rei decidimos darnos un pequeño homenaje a base de productos de la tierra, cenando en una pulpería que nos habían recomendado. Pulpo, pimientos de Padrón, queso de Arzúa, Ribeiro … no estuvo nada mal, no señor.

O Pedrouzo

El 14 de octubre llegamos a O Pedrouzo. Los últimos kilómetros se hicieron pesados, parecía que no íbamos a llegar nunca. El cansancio de los kilómetros acumulados, junto al hecho de que ya varios kilómetros antes de llegar se pueden ver carteles anunciadores de los albergues disponibles, lo que crea la falsa ilusión de que tras el próximo recodo verás aparecer el pueblo. Pero a ese recodo le sigue otro, y luego otro, y otro …

Arzúa, O Pedrouzo, sitios ya conocidos por Lur y por mi, de cuando hicimos el Camino del Norte. De hecho, el albergue en el que nos alojamos, Edreira, es el mismo en el que Miguel, Lur y yo nos alojamos en su día. Después de asearnos decidimos ir a comer algo y después hacer algunas compras para la cena y el desayuno del día siguiente, que tomaríamos en el albergue. Acordamos levantarnos a las 5:00 h, desayunar y estar de camino a las 6:00 h como tarde; Vir y Carmenxu querían llegar con tiempo para la misa de peregrinos de las 12:00 h. Durante toda la tarde se nos nota la alegría y la emoción, junto con algo de nerviosismo. ¡Ya llegamos!

Santiago

Tal y como habíamos acordado, el domingo 15 de octubre nos ponemos en marcha a las 6:00 h de la mañana. El tiempo fresco y las ganas de llegar impulsan nuestras piernas, y apenas unos minutos después de las 10:00 h estamos en el Monte do Gozo. Allí nos espera Merche, mi compañera en tantos viajes a lo largo de toda mi vida, mi soporte, mi amor. Aunque no has estado físicamente con nosotros durante el Camino siempre has estado a mi lado, apoyándome, haciéndome llegar tu aliento y cariño en todo momento, dándome fuerzas para poder continuar un paso tras otro. Y ahora me haces el regalo más bonito: entrar conmigo en Santiago.

Allí nos enteramos de que por obras en el puente de entrada tenemos que dar un rodeo que alarga el trayecto dos kilómetros más. Son sólo 2 kilómetros, pero si queremos entrar con tiempo antes de las 12:00 h hay que ponerse en marcha, teniendo en cuenta además el tiempo invertido en el Monte para descansar, las fotos de rigor, sellar, etc. Nos pusimos nuevamente en marcha. El final estaba ya cerca, muy cerca.

Y así, poco antes de las 12:00 h del mediodía, entramos por fin en la Plaza del Obradoiro. Dejamos que afloren nuestras emociones y sentimientos y entre lágrimas y risas, besos y abrazos, somos conscientes de haber llegado a nuestro destino. Hemos llegado a Santiago, después de 31 etapas, 799 kilómetros, más de un millón de pasos.

Muchas cosas que hacer en Santiago y muy poco tiempo: visitar la Catedral, sellar la credencial y obtener la Compostela, reponer fuerzas, alguna compra … Ante todo disfrutar, disfrutar cada instante al máximo, llenarnos de Santiago, asumir la empresa y grabar nuestra memoria con todos los recuerdos posibles.

Finalmente llega el momento de las despedidas; Merche y yo viajamos al día siguiente en avión hasta Valencia. Lur lo hizo en tren, pasando por Madrid. Vir y Carmenxu también en tren, aunque unas horas más tarde. Volvemos a nuestras vidas, aunque ya no seremos los mismos.

 

Vergüenza

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Quien me lo iba a decir a mi: no puedo estar más de acuerdo con el Papa Francisco: “sólo me viene la palabra vergüenza, es una vergüenza”. Lo es, es la mayor vergüenza que puede caer sobre nosotros. Mientras vemos en las noticias los maletines negros de dinero negro que circulan alrededor de Carlos Fabra, que nuestro presidente se hace la foto en Fukushima para subir enteros (por cierto mientras se estaba produciendo una nueva fuga radioactiva)

 

Los Arcos

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Hoy ya, definitivamente, nos adentramos en los llanos. La primera parte de la etapa, hasta Villamayor de Monjardin, ha sido bastante llevadera. Tiempo fresco, paisaje todavía bastante arbolado y sin grandes pendientes. Alguna parada para reposar unos minutos y reponer fuerzas con pan, queso y algo de fruta. Al pasar por Azqueta no puedo evitar sentir pena al ver el asiento vacío del bueno de Pablito, quien tanto ha hecho por tantos y tantos peregrinos.
La segunda parte de la ruta ha resultado más cansada. Los 12 kilómetros entre Monjardin y Los Arcos, sin fuentes ni apenas una sombra donde poder reponerse y descansar, suponen un buen castigo para nuestras piernas. Aun así nada que ver con la misma etapa de hace tres años, con Virginia y Carmentxu: mientras hoy la hemos andado acompañados de un viento fresco que hacía más llevadero el caminar, en aquel entonces el calor hizo todavía más dura una etapa que ya lo es de por sí. Además, mientras que hoy nos hemos quedado en Los Arcos, en aquella ocasión sumamos 6 kilómetros más a la etapa, para llegar a Torres del Río. La contrapartida es que mañana tendremos que caminar esos 6 kilómetros más, aunque esperamos hacerlos en condiciones más llevaderas.
También hoy hemos visto pasar a los tres ciclistas barbudos, aunque posteriormente no los hemos encontrado en Los Arcos. Quizá hayan continuado hasta Sansol o Torres del Río o incluso más allá. En todo caso, puesto que nosotros nos quedaremos en Logroño, dudo mucho que volvamos a coincidir con ellos. Me quedaré con las ganas de preguntarles por su particular forma de hacer el Camino en bicicleta.

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Estella

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Llegamos a Estella. Una etapa no demasiado larga, unos 22 kilómetros y medio, pero que se ha hecho incómoda en ocasiones por el viento frío que soplaba. Hasta ahora hemos ido cómodos con una simple camiseta, pero hoy, las pocas veces que nos hemos atrevido a quitarnos la chaqueta, hemos tenido que ponerla otra vez al poco rato, más por el viento que por la propia temperatura.
Cada vez se nota más que vamos dejando atrás los montes navarros y que nos adentramos en terreno más llano. Ya van haciendo su aparición los campos de cultivos, en su mayoría ya recogidos, y los viñedos, también despojados de su fruto. Aparecen las primeras bodegas, en las que se preparan los caldos navarros.
Hoy hemos vuelto a ver pasar el trío de ciclistas barbados. Definitivamente se están tomando el camino con mucha calma.

Al llegar a Estella nuestra primera intención ha sido, como hasta ahora, repetir albergue, así que guiado por mi memoria y ayudado por las indicaciones que encontramos nos hemos dirigido al albergue de ANFAS, en donde tan bien nos trataron la última ocasión. Para nuestra sorpresa nos lo hemos encontrado cerrado; ¿quizá no abran en octubre? Fallo mío al no haberlo comprobado previamente, así que nos hemos dirigido hacia el más próximo, el albergue Parroquial. Puesto que sí habían plazas disponibles decidimos quedarnos, a pesar de que nos informan de que disponen de habitaciones separadas para chicos y chicas. Me parece un tanto anacrónico, pero no nos preocupa demasiado porque en todo caso ni buscamos ni íbamos a disponer de intimidad. El hospitalero que en principio nos atiende me resulta conocido y así se lo digo. Resulta ser de Valencia y nos indica que posiblemente nos hayamos encontrado en alguna asociación de amigos del Camino; efectivamente así fue, y de hecho recuerdo que fue él quien nos atendió la última vez, cuando fuimos a por las credenciales para este tramo, lo cual confirma al reconocer su letra. El mundo es un pañuelo; y Valencia un moco, que diría mi amiga Marisol.

Esta noche Lur y yo hemos decidido darnos un pequeño homenaje gastronómico y hemos ido a cenar a un asador. Lur escoge de primero arroz negro y yo me decanto por un plato de pochas con guindillas; de segundo coincidimos con la chuleta de cerdo a la brasa. Para postre, Lur prefiere tarta, mientras que yo sin dudar (lo tenía muy claro desde que lo vi en el cartel del menú)  pido una típica cuajada de la zona, con ese sabor ahumado tan peculiar. Tod acompañado con una botella de sidra; no ha estado nada mal.

Puente la Reina

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Desde Pamplona a Puente la Reina. 25 kilómetros que han dejado nuestras piernas doloridas y nuestros pies lastimados y con necesidad de alguna cura. Además de la distancia, buena parte de la culpa la tiene el Alto del Perdón, pero no por la subida, bastante menos dura de lo que parece, sino por la bajada: una larga y sinuosa pendiente cubierta enteramente de piedras. Una pendiente que parece no tener fin y que es de lo peor para las piernas y los pies. Al fin el resultado es el que cabría esperar y ni nos hemos movido del albergue, para tener unas horas de descanso y recuperación. Mañana, al salir, habrá tiempo de ver el pueblo y, como no, el magnífico puente que da nombre a la población.
En el albergue hemos encontrado un grupo de chicos que nos llaman tremendamente la atención: tres chicos que van haciendo el Camino en bicicleta. Vale, como tantos otros, ¿no? Pues no, van en bicicleta pero a ritmo de a pie. Los vimos por primera vez saliendo de Roncesvalles; uno de ellos había tenido un problema mecánico y más tarde vimos como iba remolcado por otro de ellos. Los volvimos a ver en Zubiri, donde supusimos que se detuvieron para reparar la bicicleta averiada. Al día siguiente, a media mañana, nos alcanzaron donde nos habíamos parado a descansar unos minutos, y pensamos que ya no los volveríamos a ver. Estábamos muy equivocados: los vimos en Pamplona, ¡en el mismo albergue en que estábamos! Y ya la sorpresa ha sido mayúscula cuando esta mañana, cuando llevábamos más de media etapa caminada, los hemos visto pasar. Y, ¿lo adivinas? Están aquí, en Puente la Reina, en el mismo albergue que nosotros. Curioso trío.
También hemos visto al australiano, aunque estábamos cenando y el no nos ha visto. Quizá mañana coincidamos en el camino.
Mañana a Estrella, prólogo de una de las etapas más duras de este tramo, la que atraviesa el páramo que lleva a Los Arcos.

Pamplona

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Ayer no escribí sobre Zubiri, que es donde hemos pasado la noche. Pero no fue, como me ha ocurrido en otras ocasiones, por cansancio. Realmente escribí, pero lo hice sobre Roncesvalles, que es donde habíamos llegado el día de antes. Y no porque no haya nada que decir sobre esta etapa, sino porque quería hablar sobre Roncesvalles, sobre la etapa que quería repetir para poder disfrutar de los paisajes que hace tres años la niebla me negó.

Hoy hemos llegado a Pamplona, tercera etapa del Camino. Una etapa muy parecida a la de ayer: similares distancias (en torno a los 20 kilómetros), similares paisajes, parecidas sensaciones. La de ayer con un final un poco más incómodo, por la bajada hasta Zubiri; hoy nos lo hemos tomado con un poco más de calma, haciendo alguna parada más y un poco más prolongadas. Aun así los kilómetros finales pesan en las piernas y en las espaldas y hacen que sintamos ganas de llegar por fin al destino.

Las predicciones meteorológicas no eran muy buenas, y la probabilidad de lluvias bastante grande. Afortunadamente la lluvia no ha llegado hasta la tarde, cuando ya habíamos llegado a Pamplona y estábamos a cubierto. Pero no podemos descartar, por las fechas en que estamos, que tengamos que hacer alguna etapa, al menos en parte, con lluvia. Por el momento estamos siendo muy afortunados con el tiempo. Toquemos madera y esperemos que siga así.

Roncesvalles

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En Camino otra vez. Después de superar unas cuantas dificultades por fin hemos conseguido volver a ponernos en marcha, aunque en mi caso sea para repetir. Mi muy querida Lur se apuntó al Camino Francés cuando Virginia, Carmentxu y yo ya  habíamos andado el primer tramo, desde Saint Jean Pied de Port hasta Logroño. Este año tendríamos que haber hecho el último tramo, desde Ponferrada hasta Santiago, pero por diversas circunstancias no ha sido posible. Así que Lur y yo decidimos que podíamos hacer ese primer tramo, ella para poder tener el Camino completo cuando el año que viene terminemos y yo… porque cualquier excusa es buena para calzarse las botas y echarse a caminar. Bueno, y también por otro motivo: cuando hace tres años hicimos Virginia, Carmentxu y yo la primera etapa, desde Saint Jean hasta Roncesvalles, tuvimos la mala suerte de hacerla con una intensa niebla que nos impidió disfrutar de los paisajes de los que habíamos oído hablar y que motivaron que iniciáramos el Camino desde Saint Jean, en vez de hacerlo desde Roncesvalles. Así que me pareció una muy buena oportunidad de repetir la etapa.
Y la suerte nos acompañó en esta ocasión. Disfrutamos de un tiempo idóneo para la marcha: despejado en su mayoría, aunque a veces alguna nube cubría el sol, con un viento fresco que facilita mucho el andar, especialmente cuando tienes que hacerlo cuesta arriba y con 9 kilos a la espalda, además de los propios. Pero esto no quita el hecho de que sea una etapa dura: subir desde los aproximadamente 200 metros de Saint Jean hasta casi 1.400, para luego bajar a los 800 de Roncesvalles resulta un auténtico rompe piernas, haga mal o buen tiempo. En esta ocasión para la bajada optamos por la variante suave, que tampoco es que sea un paseo dominical, pero es bastante más llevadera que la bajada original, kilómetros y kilómetros de fuertes pendientes que resultan completamente agotadoras.
Y así, tras algo más de 7 horas de marcha, llegamos a Roncesvalles. En su día me admiró el albergue, y en esta ocasión ha vuelto a hacerlo. Su ubicación, en el impresionante edificio de la Colegiata, y lo bien organizado y conservado de de sus instalaciones hacen que la estancia sea una auténtica maravilla.
A la hora de la cena compartimos mesa con un Australiano cuyo nombre no recuerdo (la verdad es que ni lo llegué a entender, por el fuerte acento del inglés hablado en Australia). Nos contó parte de su vida y de como conoció a su partner española, motivo por el cual él está ahora en España. Nos habló de las rutas que el hacía en su tierra, de varios cientos de kilómetros y con mochila de hasta 20 kilos. En algunos parajes hay que llevar hasta 6 litros de agua, por la imposibilidad de encontrarla en el camino. Ahora está retirado, y se dedica a viajar de un sitio a otro, para estar con su familia, desperdigada por distintos puntos de Australia y España. De mayor quiero ser como él.

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Ponferrada

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Por fin, llegamos a Ponferrada. Puesto que teníamos previsto el regreso para hoy mismo dejamos para el final una etapa corta, para no hacer muy pesado el día y permitirnos llegar con el suficiente tiempo como para evitar sustos, así como para poder asearnos y descansar y comer algo antes de emprender el viaje de vuelta.
Desde El Acebo apenas 16 kilómetros; la primera parte del camino, hasta Molinaseca, más lenta, por la lluvia y el terreno en bajada, en ocasiones con una pendiente considerable. La segunda parte ya a paso más rápido, con tiempo que mejora a medida que nos acercamos a Ponferrada.
Al llegar, nos invade una sensación agridulce; la alegría del camino superado se une a la tristeza del final. Una canción que cantábamos al finalizar las acampadas en los scouts Dice que “no es más que un hasta luego, no es más que un breve adiós, muy pronto junto al fuego nos reuniremos”. A pesar de esto, a pesar de que todavía no hemos finalizado nuestra experiencia y de que aún tenemos pediente el tramo que nos llevará a Santiago, sentimos que hemos llegado al final de algo. Los sentimientos se mezclan y las emociones brotan; algunas lágrimas en los ojos de mis compañeras, y si alguien se hubiera fijado en los míos, quizá también hubiera encontrado alguna.
Ya estamos más cerca del final. Como en otras ocasiones hacemos planes para continuar; la primavera próxima parece una buena ocasión, acordamos. Habrá que ir haciendo planes y reservando días de vacaciones. Como en otras ocasiones lo más complicado parece cuadrar los calendarios de todos, pero esta vez hay algo más, algo que podría ocasionar que no pudiéramos emprender la marcha todos juntos. Esperemos que esto no ocurra y que podamos terminar tal y como empezamos, juntos.

 

El Acebo

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Para mi, sin ninguna otra duda, esta ha sido la  mejor etapa de éste tramo. 28 kilómetros según nuestra guía, aunque posteriormente en el albergue nos dijeron que desde Santa Catalina hemos andado más de 30. Pero a excepción de los dos últimos, de bajada por una pendiente llena de piedras que terminan de fatigar unas piernas que ya están cansadas, a excepción de estos últimos digo, los hemos disfrutado como pocos.
No importa que hayamos tenido que ascender hasta la Cruz de Ferro, a más de 1.100 metros de altitud; la subida no resulta tan dura como nos la habían pintado. Transitar por estos montes por los que apenas circula alguna carretera comarcal resulta un verdadero bálsamo para los sentidos, y también para el espíritu. Pueblecillos de apenas unas pocas casas (la mitad de las cuales son albergues, mesones o tiendas para el peregrino), caminos que transcurren entre bosques de robles y encinas y la temperatura que se mantiene fresca, resultan ideales para caminar, para poder disfrutar de cada paso y sumergirse en meditaciones,cada uno las suyas, que es lo que de alguna manera buscamos cuando decidimos emprender el Camino.

La N-120

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Poco se puede decir de la etapa de hoy. Aunque no haya sido igual para todos, para  mi ha sido verdaderamente insoportable. Pero no por dura, ni por larga, sino por haber tenido que andar casi constantemente junto a la carretera nacional 120, en ocasiones separados de la misma por apenas un par de metros. El continuo paso de vehículos de todo tipo circulando a buena velocidad, ha llegado a resultarme muy molesto. No veía el momento de llegar al albergue.
Menos mal que al llegar a nuestro destino en Hospital de Órbigo nos hemos encontrado con una grata sorpresa. Antes de entrar en el pueblo pasamos por Puente de Órbigo, separado de Hospital de Órbigo por un impresionante puente sobre éste río. Junto a su cauce observamos sobre una explanada de césped unas construcciones de madera que Carmenxu encuentra idóneas para la celebración de las antiguas justas de caballeros caballeros. No podía estar más acertada: más tarde, en el albergue, encontramos fotografías que reflejan la celebración de unos festejos en los que se reviven aquellas justas, precisamente en la explanada.
Mención especial para el albergue de San Miguel, que sin ser de los que cuentan con mejores instalaciones está bien aseado y cuenta con una decoración muy particular a base de pinturas hechas por los peregrinos que por allí han ido pasando.
Mañana por fin dejaremos las planicies castellanas. Nos vamos acercando a los montes de León, que nos introducirán en las próximas etapas en Galicia.