Se hace camino al andar

Y así es, el camino se hace en cada paso, con los pasos sencillos, ligeros, alegres, llevaderos y con los más duros, fatigados y dolorosos. Con el paso animado de la mañana y con el paso cansino del final de la jornada, y todos y cada uno de ellos son igual de importantes para alcanzar el final de la etapa.

Todos los temores han quedado atrás y, aquí estamos, de vuelta, con el objetivo cumplido. Mis pies son los que han dado todos esos pasos que me han hecho recorrer unos 200Km en 8 días pero ¿qué hubiera sido de ellos sin esas alas que les habéis dado? Mil gracias, a todos los que en estos días, con vuestras palabras de ánimo me habéis dado fuerzas, me habéis dado alas, para seguir caminando, para poder dar un paso más.

Gracias a mi madre, a mi padre y a mi hermano por todos su cariño, porque gracias a ellos soy quien soy, porque en la distancia o en la cercanía forman parte de mi camino a cada instante y porque no imagino un camino sin ellos.

Gracias a todos los amigos y compañeros que nos han seguido a cada momento, en cada etapa y nos han animado con sus palabras. Cuando las fuerzas flojeaban, cuando creía que no podía dar un paso más, vuestras palabras me han dado esa energía que me faltaba para poder continuar.

Gracias también a la meteorología y a cualquier otro factor que pudiera haber jugado en nuestra contra, porque en ese sentido también me siento afortunada. No ha habido grandes contratiempos que nos hayan incordiado.

¿Y cómo no? Muchísimas gracias a mis dos compañeros de viaje, únicos e irrepetibles. Aquí os dejo mi más sincero agradecimiento, como en la mayoría de los pasos de nuestro camino, casi siempre, un pasito por detrás pero al final llegando. Siempre a vuestro lado, siempre sintiéndome tan bien escoltada, protegida, cuidada, incluso mimada. Habéis sido los mejores compañeros de Camino que pueda imaginar, tan pendientes de mí, dándome ánimos para continuar, aportándome esa confianza que en algunas ocasiones me faltaba. Gracias por cada palabra, por cada gesto, por cada sonrisa.

Javier, gracias por ser ese amigo que acompaña, comparte y da apoyo a cada paso del camino, por ser ese amigo que al final de la jornada te cura las heridas, por ser ese amigo que comparte cada sonrisa y también cada lágrima. Gracias por cada paso compartido y por todos los que vendrán.

Miguel, ese gran descubrimiento. Gracias por ir abriendo camino, por tu perpetuo buen humor, por esa sonrisa constante, por confiar en mí y en mis fuerzas, y por hacer que yo misma confiara en mí. Eres una persona encantadora y me alegra haber tenido la oportunidad de compartir contigo esta experiencia. Espero que nuestros caminos vuelvan a cruzarse en más de una ocasión.

Lourdes.

Sólo quedan 3 días

Al contrario que Javier, hacer el Camino de Santiago nunca había entrado en mis planes. Conozco a mucha gente que lo ha realizado y me ha comentado sus experiencias y, a pesar del entusiasmo con el que todos ellos me han hablado de la experiencia, nunca me ha resultado nada atractiva la idea. “¿Qué clase de vacaciones son tirarse todo el día caminando?” pensaba yo.

Sin embargo, hace un año, a la vuelta de un viaje a la Riviera Maya (ese sí que era uno de esos viajes que hace tiempo tenía en mente), por alguna extraña razón se me pasó por la mente la idea “no estaría mal hacer el Camino” y, casualidades de la vida, tan sólo unos días después en la oficina, escuché  una conversación entre un par de compañeros que comentaban la posibilidad de organizar este viaje. Finalmente, cuando se retomó el tema y, al no tener problemas de agenda ni otros impedimentos, me apunté a esta “aventura”.

A penas quedan 3 días para subir al tren en el que empieza nuestro viaje y los nervios ya se están apoderando de mí. No las tengo todas conmigo, no tengo confianza en mis fuerzas, en mi estado físico. Estas últimas semanas hemos estado “entrenando” pero hasta que no estemos allí un día tras otro y hasta que no lleguemos a Praza do Obradoiro voy a seguir un poco inquieta.

Puedo contar con los dedos de una mano las veces que he dormido en tienda de campaña (concretamente 3). Eso de no tener un baño cerca o dormir en una buena cama no va demasiado conmigo. Para ir a cualquier sitio suelo coger el coche y si puedo aparcar en la puerta mucho mejor. Caminar nunca ha sido una de mis actividades favoritas (en estas últimas semanas creo que he caminado más que en toda mi vida). Y madrugar tampoco es algo que me fascine, tiendo a ser una marmota. Pero aquí estoy, con muchísimas ganas de que llegue el jueves y ponerme a prueba a mí misma. Puede que resulte una chorrada pero esto para mí está resultando una especie de reto.

En fin, que eso ya está ahí… Esperemos que haya fuerzas al final de cada jornada y podamos ir actualizando nuestro diario del camino.