¡Dios mío! ¡No siento las piernas!

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Llevamos más de ochenta kilómetros en tres días. Si el primer primer día de camino fue duro, el segundo lo fue todavía más. Otros casi 30 kilómetros por campos despejados, con apenas unos arbolillos a la vera del camino en algunos tramos, que daban un poquito de sombra a intervalos. Y el calor, más calor de lo que imaginábamos que tendríamos, el calor que hace que andar kilómetro tras kilómetro con la mochila a cuestas sea todavía más pesado.
Pero por suerte, como ha ocurrido en varias ocasiones, hubo una de cal y otra de arena: al llegar al albergue de La Laguna en El Burgo Ranero, Vincenzo el hospitalero nos dijo que fuéramos primero a lavarnos y cambiarnos y luego ya hariamos el registro. Inmejorable el trato recibido. En otros sitios deberían aprender a tratar al peregrino (a las personas, en suma), como es el caso del albergue San Bruno por ejemplo.
Hoy la etapa ha sido más llevadera, salvo por los últimos 5 kilómetros, al sol, ya cansados y caminando junto a una carretera con bastante tráfico. Al terminar la etapa hemos retomado una costumbre que parecíamos haber perdido: tomarnos una cerveza bien fría para celebrar el final de la jornada. Después ya vendría el consabido tiempo dedicado al aseo, el lavado de ropa y a la cura de ampollas y músculos sobrecargados.
A lo largo del camino nos vamos encontrando con mucha gente, de todas las clases y orígenes. Hoy nos ha llamado mucho la atención un grupo de peregrinos americanos: un hombre y su hijo venidos desde Austin (Texas) y dos mujeres de California. Los cuatro han venido expresamente desde su tierra para hacer el Camino. También he podido charlar un rato con una chica Eslovaca que iba sola, vamos, todo lo sola que se puede ir aquí. Empezó su andadura en St. Jean Pied de Port hace dos semanas y todavía le quedaban cuatro para completar el viaje hasta Santiago y después Finisterre y Muxia. Sin prisas, a su aire, disfrutando de los sitios en los que le apetece detenerse. Todo un lujo.
Mañana llegamos a León. No conozco  esta ciudad y ya hace tiempo que quería visitarla y conocer su catedral. Hace unos años no hubiera podido imaginar que llegaría en estas condiciones, pero claro, ¿quien puede predecir su futuro?

Tierra de Campos o los contrastes del Camino

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Hemos finalizado la primera etapa de este tramo. Ha sido un día duro, algo más duro de lo que esperábamos, por diversos motivos. La espalda se quejaba por la falta de costumbre de cargar tanto peso y las piernas acusaban el esfuerzo de someterlas al ritmo de de tener que dar un paso tras otro, y éste tras otro más, y otro y otro…  Además ha hecho más calor del esperado, lo cual hace todavía más pesado lo penoso del caminar. Pero, ¿quien se queja de algo que está haciendo por gusto?
Pero lo peor de todo es encontrarte con una desagradable sorpresa al final de una larga y fatigosa jornada. En primer lugar, al llegar a Terradillos la noticia de que sólo quedan dos plazas libres en el albergue, mientras que nosotros somos cinco. Afortunadamente nos han informado de que apenas a dos kilómetros de Terradillos, en Moratinos, hay otro albergue donde seguramente podríamos encontrar sitio. Tras llamar por teléfono y comprobar que sí habían plazas disponibles, nos hemos puesto nuevamente en camino. El albergue en cuestión, regentado por italianos, nos ha acogido con una fuente en la que poner en remojo los pies para poder darles descanso después de la etapa. Parecía que íbamos a tener una buena estancia, pero eso era sólo una ilusión. La primera sorpresa, descubrir que no hay mantas, ni nada que se le parezca, por lo que Virginia y Carmen que viajan apenas con una sábana para prescindir de todo el peso posible tendrán que hacer uso de forros polares y chaquetas para cubrirse y evitar el frío. La segunda sorpresa ha sido encontrarnos a la hora de la cena que no contaban con “los españoles” (casi todos los peregrinos son italianos). Fallo nuestro por no adivinar que debíamos haberlo avisado (y, además, pagado) con anterioridad. ¡Que falta de previsión la nuestra! Pero como no hay mal que por bien no venga, esto nos ha servido para cenar en el restaurante El Castillo, donde nos han tratado inmejorablemente y hemos tomado un menú excelente, por el mismo precio que habríamos pagado en el albergue por un plato de espaguetis.
Nada que ver el trato recibido hoy con el que nos brindaron las monjas del albergue del Espíritu Santo, en Carrión de los Condes. Pese a haber llegado a las 10 de la noche por problemas con el transporte, nos esperaron y nos dieron todo tipo de facilidades para que pudiéramos primero cenar y luego descansar lo mejor posible, y esto por la mitad de lo que nos ha costado el albergue de hoy. Quedamos encantados del trato recibido y profundamente agradecidos con tan maravillosas y abnegadas monjas. Esto me refuerza en la idea que ya he expresado en alguna ocasión de que más que las piedras, el asfalto, los montes y llanos o los kilómetros que van pasando bajo las suelas, el Camino lo conforman las gentes que vas encontrando, que son quienes, de una forma u otra, dan sentido a lo que estamos haciendo.

Sin dolor no hay gloria

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Sin dolor no hay gloria, este es el lema escogido para nuestras camisetas. No es que tengamos intención de sufrir, pero en mayor o menor medida cada uno de nosotros tendrá su dosis de sufrimiento hasta que consigamos llegar a nuestro destino, Santiago.

Nos ponemos nuevamente en Camino. Salimos Lur y yo hacia Madrid, en AVE; allí nos encontraremos con Virginia, Carmentxu y Charo. Hasta Palencia en tren y a Carrión de los Condes en taxi, donde previsiblemente llegaremos en torno a las nueve de la noche, con el tiempo justo de cenar algo y meternos en el saco para estar bien descansados para mañana. Nuestro objetivo es llegar hasta Ponferrada, unos 200 Km en 8 días, a unos 25 Km de promedio diario, lo cual es muy similar a lo andado en los dos tramos ya realizados.

Mañana la primera etapa de esta nueva andadura, desde Carrión hasta Terradillos de los Templarios, unos 27 Km. Las previsiones meteorológicas no parecen malas para estos días: temperaturas en torno a los diez grados por la mañana y hasta los veintipocos al mediodía, sin lluvias anunciadas, aunque nunca se puede saber a ciencia cierta. En todo caso lo que no falta son las ganas y la ilusión; estamos ya a mitad de camino, y tras estos días de marcha quedaremos ya a unos pocos días de la meta, de Santiago. Tendremos que esperar hasta el próximo año para poder andar ese último tramo, el de la gloria.

Carrión de los Condes

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Última etapa de este tramo; hasta aquí, por el momento, han llegado nuestros pasos. Donde empezamos tres hemos llegado seis: Virginia, Carmentxu, Lur, Olga, Charo y yo mismo. Esperemos que los seis continuemos el Camino hasta Santiago, nuestro destino.

Con respecto a esta última etapa no hay gran cosa que destacar. Desde Boadilla a Frómista el Camino circulaba paralelo al Canal de Castilla, bordeado del paisaje habitual de la zona: campos y más campos de cereales en diversos estados de su cultivo, desde los que estaban siendo arados hasta los que están cubiertos del verde del cereal joven. En cuanto al tiempo, frío, muy frío, aunque con cielo despejado; por la mañana, antes de salir del albergue, tuve que recoger unos calcetines que había dejado tendidos el día anterior: estaban congelados.

En Frómista quisimos visitar algunas de las iglesias que allí se encuentran, alguna de las cuales aloja verdaderos tesoros en frescos y pinturas. Por desgracia, una vez más, la mayoría estaban cerradas. Como digo no es la primera vez que nos ocurre; en pleno Camino de Santiago, al paso por las poblaciones, las iglesias están cerradas. ¿No deberían estar siempre abiertas para atender no ya al peregrino sino a la población que pueda necesitarlas? Al dejar Frómista y hasta llegar a Carrión de los Condes el Camino circula paralelo a la carretera que une ambas poblaciones. Esta parte del trayecto, unos 19 kilómetros, se hizo pesada; tuvimos viento y frío, un fuerte viento frío proveniente del Norte que hacía incómodo el caminar, tanto por el frío como por la propia fuerza del viento que tendía a sacarnos del camino.

Pero para mi, sin duda, lo peor de la etapa fue la ausencia de Lur, que debido a su estado tuvo que hacer nuevamente el trayecto en transporte. Su rodilla no terminaba de estar repuesta y junto al estado del tiempo hacía recomendable no exponerse a riesgos innecesarios. Te echamos de menos Lur, aunque estuvieras muy presente entre todos nosotros.

Y por fin llegamos a Carrión de los Condes. Allí, en el albergue del Espíritu Santo, las monjas que lo atienden nos acogieron inmejorablemente, dejando que hiciéramos uso de las instalaciones del albergue para comer y asearnos, preparándonos para la vuelta a casa. Desde allí emprendimos la vuelta a casa, en coche todos juntos hasta Madrid; desde allí Lur y yo en autobús hasta Valencia, donde llegamos ya pasada la medianoche.

Hontanas – Boadilla del Camino

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Anoche, de puro cansancio, no escribí la entrada correspondiente. Además estos últimos días estamos atravesando campos y pueblos apartados de casi toda la civilización, sin casi comercios donde poder adquirir víveres y sin muchas de las comodidades que nosotros encontramos ya como habituales y hasta imprescindibles, como la cobertura telefónica.
La etapa de ayer hasta Hontanas y la de hoy hasta Boadilla del Camino han sido muy similares en muchos aspectos, aunque también han tenido sus diferencias y particularidades. Etapas largas las dos: 31 y 28,5 kilómetros respectivamente, a través de llanos cubiertos del verde de los cereales. Únicamente algunos bosquecillos de chopos y hayas en las riberas de los ríos, el Arlanzón al salir de Burgos y el Pisuerga al entrar en la provincia de Palencia. Tiempo nuboso o despejado por la mañana también en ambas, aunque con aire frío, bastantes grados menos que en días anteriores, lo que ha hecho que hayamos pasado de la manga corta a las prendas de abrigo. Y con lluvia y hasta un ligero granizo y nieve por la tarde, acompañados por un viento frío más propio de los meses invernales que de abril. Hoy como pocos días se ha agradecido una ducha caliente en el albergue y una cena con sopa o guiso caliente.
Hoy Lur no ha hecho la etapa con nosotros. Su rodilla no estaba en condiciones de aguantar tantos kilómetros en las condiciones en las que ya se previa que iba a transcurrir la jornada, con frío y lluvia. Así que ha tenido que saltarsela y hacerla en transporte público. Esperemos que mañana esté recuperada y pueda finalizar esta ronda con nosotros.
Mañana llegaremos a Carrion de los Condes, si el tiempo y las circunstancias lo permiten. Allí, en Carrión, terminamos este tramo. De ahí volveremos a Madrid y de ahí, en bus, Lur y yo volveremos a Valencia.

Burgos

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Ayer no hablé de Miguel. Miguel es un peregrino que conocimos en el albergue de Agés. Guardia Civil retirado por enfermedad ha andado el Camino ya unas cuantas veces y nos contaba que cada una de las veces en que se hace el Camino hay un día en el que se hace una locura. Ayer fue el día de su locura: 50 kilómetros. Lo que nosotros hicimos en dos etapas él lo hizo en una. Y, como digo, no es la primera; en alguna ocasión se ha tenido que retirar por tendinitis en los pies, debidas a andar de mala manera por tener la planta del pie con ampollas. Es impresionante encontrar gente como Miguel, o como una pareja de franceses que caminan con unas mochilas el doble de lo recomendado, encorvados por el peso. Pero eso es precisamente el Camino, donde cada uno viaja cómo quiere, o como puede.
Con respecto a la etapa de hoy, no hay mucho que decir. Ha tenido tres partes claramente diferenciadas. La primera, de campo; con una subida por terreno pedregoso entre encinas y la bajada y algo de llano por caminos mejor acondicionados. Excepto por la subida, que tampoco ha sido tan mala pero no deja de ser subida, ha sido una parte bastante llevadera, acompañada por un viento fresco muy de agradecer.
La segunda parte ha sido peor. Hasta Villafría circulando por carretera, poco transitada afortunadamente, aunque es inevitable que en ocasiones sea necesario arrimarse lo máximo al arcén para dejar pasar a coches o camiones.
Pero si la segunda ha sido mala, la tercera parte ha sido mucho peor. Desde Villafría hasta Burgos transitando por un polígono industrial feo como todos los polígonos, pero que lo es todavía más si lo tienes que cruzar andando. Más tarde, demasiado, tarde, nos hemos enterado de que hay quien toma el autobús desde Villafría, porque esos kilómetros son kilómetros que no tienen ningún sentido.
Hoy se han unido a nosotros Charo y Olga, amigas de Virginia y Carmen, para hacer las tres etapas que nos restan hasta Carrión de los Condes. Así pues, a partir de mañana seremos seis.

Los Montes de Oca

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En las anteriores ocasiones en que he estado en el Camino ha habido una etapa en la que me ha sido imposible escribir el resumen del día simplemente porque se me cerraban los ojos. Ayer fue uno de esos días. Aprovechando que hoy me he despertado pronto, voy a hacerlo ahora.
Como ya dije teníamos que atravesar los montes de Oca. Nos esperaba una etapa que transcurría entre bosques de robles y pinos que nos permitiría andar a la sombra, a la vez que disfrutar del paisaje. Pues eso hubiéramos querido, ya que ni lo uno ni lo otro. Bueno, a tramos si, pero la mayor parte del tiempo el camino circulaba por cortafuegos, zonas desarboladas lo suficientemente amplias cómo para que la sombra de las ramas no nos alcanzara ni a los pies. Por otra parte los robledales estaban completamente deshojados, con lo cual perdían mucha de la belleza que deberían tener. Y encima sube, y baja, y vuelve a subir, y a bajar… No, los montes de Oca no fueron la etapa tan bonita que nos habían hablado. Fue una etapa dura, debido también a los casi 28 kilómetros andados.
Al llegar a Agés nos encontramos con uno de los mejores albergues en los que hemos pernoctado, el albergue de San Rafael, atendido por dos hermanos, Ana y Carlos, dos hospitaleros verdaderamente particulares. Además de un trato inmejorable y una suculenta cena, tuvimos una larga charla en la que Ana nos desveló algunos de los secretos del Universo y de nuestro futuro. En concreto a mi me reveló que yo soy sanador y que debería aprender a canalizar mi energía para utilizarla en curaciones. Ahí es donde dio en hueso. No son cosas que vayan conmigo.
En un ratito salimos hacia Burgos. Esperemos tener un día más cómodo.

Entramos en Castilla

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Lo más destacable de la etapa de hoy es que hemos dejado atrás Navarra para adentrarnos en Castilla y León. La zona por lo que hemos hecho la entrada se conoce como la Riojilla Burgalesa, por su proximidad a La Rioja navarra. A pesar del nombre, los viñedos han desaparecido ya completamente de nuestra vista, dando paso a los extensos cultivos de cereales castellanos.
Castilla ha querido recibirnos con uno de sus distintivos: el sol. Ya de mañana, saliendo de Santo Domingo, hemos disfrutado de sus rayos, que a primera hora eran de agradecer especialmente, por el viento frío que soplaba. Ya cerca del final de etapa hubiera sido de agradecer alguna nube, pero aunque alguna ha hecho acto de presencia, ninguna se ha atrevido a contradecirle.
No ha sido una etapa dura, y como esta tarde nos sobraba tiempo (¡no hemos lavado!) hemos dedicado un buen rato a dejar descansar los pies sobre la hierba, en el patio del albergue, mientras nos refrescábamos con unas cervezas; un rato que nos ha sabido a gloria.
Para mañana tenemos prevista una etapa algo más larga, 27 kilómetros hasta Ages. Parte de ella transcurre por los montes de Oca, entre bosques de robles y pinos, lo que, según nos han asegurado, hace de ella una etapa muy bonita. Esperemos que sea así.

Santo Domingo de la Calzada

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Hoy hemos llegado a Santo Domingo de la Calzada. Una etapa bastante más llevadera que la de ayer, con 21 kilómetros de caminos que transcurrían entre el verde de los campos de cultivo. El tiempo fresco, incluso frío a ratos. Sólo en algún momento el sol ha asomado para calentarnos, pero apenas unos minutos. Mejor así, seguro; no quiero ni imaginar tener que andar kilómetros y kilómetros a pleno sol, sin un triste árbol que nos pudiera refrescar.
La tarde la hemos dedicado a descansar, a lavar ropa… vaya, ¿he dicho a lavar ropa? ¡Pero si hoy no tocaba! Pues menos mal que no tocaba, que es el segundo día de camino y que ayer lavamos ropa. ¿Cuántos calcetines se han puesto? ¿O es que tienen más de dos pies y no me he dado cuenta? Para la próxima vez, cuando me pregunten al recoger la credencial si el camino lo hago a pie, en bici o a caballo, responderé que lavando ropa.
Afortunadamente también nos ha quedado un rato para visitar Santo Domingo, para ver la Catedral y subir los 132 peldaños de la torre del campanario, desde donde se gozaba de unas magníficas vistas y un viento que cortaba. Y como ya se sabe, todo peregrino que sube, tiene que bajar; no era plan de quedarse allí arriba. 132 escalones de bajada.
Para mañana la tercera etapa nos llevará hasta Belorado. Unos 23 kilómetros, y si el tiempo es como hoy seguramente será una etapa relativamente fácil y llevadera.

Por los viñedos riojanos

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Ya hemos superado la primera prueba. Ha sido un poco más duro de lo que imaginábamos, aunque no demasiado. A pesar de no haber grandes desniveles, 30 kilómetros junto a la falta de rodaje son suficientes para dejar las piernas cansadas y algo doloridas. Y con alguna ampolla; esperemos que mañana hayan desaparecido. Afortunadamente hemos disfrutado durante toda la marcha de una temperatura fresca que ha ayudado a que el camino fuera soportable. Más que fresca incluso; a primera hora de la mañana hemos echado de menos no llevar guantes porque se nos quedaban las manos heladas. En cuanto a la zona que hemos atravesado, tengo que decir que hemos disfrutado de magníficas vistas, primero por campos cubiertos de flor y más tarde por los extensos viñedos riojanos, con los montes de fondo, todavía con nieve en las cimas.
Hemos llegado a Nájera cerca de las cuatro. Y me he llevado la alegría de que tanto Carmen como Virginia han estado de acuerdo en que lo prioritario era comer; lo de ducharse y lavar ropa podía esperar. De Lourdes ya daba por supuesto que pensaría así; dicho y hecho hemos atacado unos impresionantes bocadillos, acompañados de sus correspondientes cervezas. Luego asearse y descansar un poco. Mis chicas se están curtiendo. ¡Bien!
Hablando de la comida quisiera contar algo que quizá no tenga demasiada importancia, pero que denota hasta que punto el Camino es muchas veces un negocio. Llegando a Nájera nos hemos fijado en cartel anunciando un restaurante en el que ofrecían menú del peregrino por 10 euros. Puesto que el restaurante estaba junto a nuestro albergue hemos decidido comer ahí. Para nuestra sorpresa, los 10 euros anunciados habían subido de golpe a 12. Además una nota al pie de la hoja del menú indicaba que a los precios marcados había que sumar el 10 % de IVA. Total, que los 10 son realmente 13,20. Un engañabobos, vamos. Por el contrario, en el albergue donde nos alojamos, hemos recibido un trato inmejorable y justo, justo por el precio estipulado.
Mañana a Sto Domingo de la Calzada. 21 kilómetros; un paseo comparado con lo de hoy. Si además continuamos con las temperaturas como hoy, según lo previsto, posiblemente tengamos un día más descansado que nos permita disfrutar más del paisaje y de Santo Domingo. Y en Santo Domingo no toca lavar ropa…