Partiendo de la nada, hemos alcanzado las más altas cumbres de la miseria

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Esta frase del gran Groucho Marx define como pocas lo que ahora mismo pienso yo de la raza humana, especialmente de aquella parte que se dedica a la política.

Constantemente me encuentro pensando que no es posible llegar más bajo, pero cada vez tengo que reconocer mi error y asumir que si, sí es posible ser cada vez más ruin y falto de escrúpulos. Hace unas semanas escuchando al Papa Francisco decir que “sólo me viene la palabra vergüenza, es una vergüenza” cuando se refería a la tragedia de Lampedusa, pensaba que no podía estar más de acuerdo con él (¡quien me lo iba a decir a mi!). Cierto, de auténtica vergüenza es dejar morir a cientos, a miles de hombres, mujeres y niños cuyo pecado consiste en haber nacido en el lugar equivocado en el momento más inapropiado. Seres humanos, como tu y como yo, que solo buscan sobrevivir, de la manera más digna posible. Sin necesidad de traspasar nuestras fronteras podemos encontrar ejemplos de estos comportamientos indignos; por ejemplo el caso de la trabajadora que fue despedida por ausentarse de su puesto el día de su desahucio. Premio doble: te quedas sin vivienda y además, sin trabajo. Una auténtica crueldad; es cebarse con el que ya está penado.

Pero de todas las aberraciones que he escuchado u oído últimamente, la peor es, sin ninguna duda, la instalación de una verja de cuchillas en la frontera de Melilla. Ya no se trata de la inacción que propicia la muerte de tantos inmigrantes en las aguas del Mediterráneo, ni de la acción que conlleva consecuencias vejatorias para las personas. Se trata de una acción directa que se sabe a ciencia cierta que tendrá consecuencias desastrosas para quienes intenten saltar la valla. Porque por alta que sea la valla, por afiladas que sean las concertinas (bonito nombre para tan terrible instrumento), por insalvables que puedan parecer los obstáculos que se interpongan, la desesperación de quienes ya no tienen nada que perder, salvo la propia vida, les empujará al intento, con las consecuencias que ya conocemos: cortes, desgarros, terribles heridas que pueden llevar incluso a la muerte. No se puede cercar la miseria y esperar que no llegue hasta nosotros; no podemos seguir con los brazos cruzados mientras todo esto ocurre a nuestro alrededor, a nuestras puertas. Debemos actuar, y pronto; hay que poner remedio a esta situación. Pero, por encima de todo, lo que no debemos consentir de ninguna manera es que se siga actuando para aumentar el sufrimiento de quienes ya han visto sobrepasada su cuota de desgracia.

Partimos de la nada para alcanzar la más alta cota de miseria. Sólo espero que esta sea realmente la más alta y que, en adelante, el camino sea de bajada.