Dos por uno

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El albergue en el que nos alojamos anoche se ubica en el monasterio de Sobrado dos Monxes. De acuerdo a las normas de los monjes, a las diez de la noche se cierra todo; a esa hora, después de haber cenado estupendamente y a muy buen precio, me tumbé en el saco dispuesto a redactar la entrada diaria. Me quedé dormido con el móvil en la mano… Así que aprovecharé esta entrada para resumir las etapas de ayer y la de hoy.
Con respecto a la de ayer, no hay mucho que decir. A pesar de lo que pensábamos al finalizar la etapa del lunes, nuestras piernas se movían con relativa soltura. 24 Km. desde Miraz hasta el monasterio, por un terreno prácticamente llano, salvo unas pendientes al inicio, con nubes que hacían que el tiempo resultase idóneo para la marcha. Por cierto, el albergue de Miraz ha resultado ser de lo mejor que nos hemos encontrado hasta el momento: tranquilo, bien cuidado y atendido, limpio y con desayuno. Todo por el módico precio de la voluntad. Una gozada.
Durante la etapa, poca cosa que destacar. Lo mejor fue que coincidimos con unos chicos de Asturias que trabajan organizado caminos para una empresa americana, que envía grupos de turistas americanos y australianos; ojo, dos de ellos tienen 78 y 79 años, ahí es ná. Nos invitaron a compartir su comida y nos contaron varias cosas y anécdotas sobre el camino, como la de un tipo que se hizo el Primitivo ida y vuelta en bici de un tirón, 600 Km. de nada, y que luego decía que no recordaba haberlo pasado tan mal en su vida. Ya te digo…
Respecto al final de etapa, en el monasterio, es verdaderamente impresionante. Y si algún día os animais y al llegar aquí os recibe el monje coreano, os aseguro que os lo pasareis bien un rato. Menudo tipo…
La etapa de hoy, en teoría no debía haber merecido unas palabras. Según las guías se trata de una etapa de transición entre el Camino del Norte y el Francés, un mero trámite. Y un cuerno;  ha resultado ser pesada de narices. Realmente lo ha sido sólo la segunda parte, pero lo ha sido mucho: por carreteras, con sol, con subidas y bajadas… Hemos llegado a Arzúa con las piernas sólidas. Aquí en Arzúa nos hemos encontrado con algo que seguramente se nos dará mañana también: al estar en el Camino Francés hay peregrinos hasta bajo las piedras y el albergue municipal estaba completo, así que hemos tenido que alojarnos en uno privado. Bueno, tampoco es tan gran problema: son 10 euros frente a los 5 que suele costar uno municipal. Como contrapartida tiene más equipamiento, como TV, lavadora y secadora, café…
Ahora toca descansar y reponer fuerzas para la etapa de mañana, que nos dejará ya a un paso del final, de Santiago.