Estella

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Llegamos a Estella. Una etapa no demasiado larga, unos 22 kilómetros y medio, pero que se ha hecho incómoda en ocasiones por el viento frío que soplaba. Hasta ahora hemos ido cómodos con una simple camiseta, pero hoy, las pocas veces que nos hemos atrevido a quitarnos la chaqueta, hemos tenido que ponerla otra vez al poco rato, más por el viento que por la propia temperatura.
Cada vez se nota más que vamos dejando atrás los montes navarros y que nos adentramos en terreno más llano. Ya van haciendo su aparición los campos de cultivos, en su mayoría ya recogidos, y los viñedos, también despojados de su fruto. Aparecen las primeras bodegas, en las que se preparan los caldos navarros.
Hoy hemos vuelto a ver pasar el trío de ciclistas barbados. Definitivamente se están tomando el camino con mucha calma.

Al llegar a Estella nuestra primera intención ha sido, como hasta ahora, repetir albergue, así que guiado por mi memoria y ayudado por las indicaciones que encontramos nos hemos dirigido al albergue de ANFAS, en donde tan bien nos trataron la última ocasión. Para nuestra sorpresa nos lo hemos encontrado cerrado; ¿quizá no abran en octubre? Fallo mío al no haberlo comprobado previamente, así que nos hemos dirigido hacia el más próximo, el albergue Parroquial. Puesto que sí habían plazas disponibles decidimos quedarnos, a pesar de que nos informan de que disponen de habitaciones separadas para chicos y chicas. Me parece un tanto anacrónico, pero no nos preocupa demasiado porque en todo caso ni buscamos ni íbamos a disponer de intimidad. El hospitalero que en principio nos atiende me resulta conocido y así se lo digo. Resulta ser de Valencia y nos indica que posiblemente nos hayamos encontrado en alguna asociación de amigos del Camino; efectivamente así fue, y de hecho recuerdo que fue él quien nos atendió la última vez, cuando fuimos a por las credenciales para este tramo, lo cual confirma al reconocer su letra. El mundo es un pañuelo; y Valencia un moco, que diría mi amiga Marisol.

Esta noche Lur y yo hemos decidido darnos un pequeño homenaje gastronómico y hemos ido a cenar a un asador. Lur escoge de primero arroz negro y yo me decanto por un plato de pochas con guindillas; de segundo coincidimos con la chuleta de cerdo a la brasa. Para postre, Lur prefiere tarta, mientras que yo sin dudar (lo tenía muy claro desde que lo vi en el cartel del menú)  pido una típica cuajada de la zona, con ese sabor ahumado tan peculiar. Tod acompañado con una botella de sidra; no ha estado nada mal.