Los Montes de Oca

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En las anteriores ocasiones en que he estado en el Camino ha habido una etapa en la que me ha sido imposible escribir el resumen del día simplemente porque se me cerraban los ojos. Ayer fue uno de esos días. Aprovechando que hoy me he despertado pronto, voy a hacerlo ahora.
Como ya dije teníamos que atravesar los montes de Oca. Nos esperaba una etapa que transcurría entre bosques de robles y pinos que nos permitiría andar a la sombra, a la vez que disfrutar del paisaje. Pues eso hubiéramos querido, ya que ni lo uno ni lo otro. Bueno, a tramos si, pero la mayor parte del tiempo el camino circulaba por cortafuegos, zonas desarboladas lo suficientemente amplias cómo para que la sombra de las ramas no nos alcanzara ni a los pies. Por otra parte los robledales estaban completamente deshojados, con lo cual perdían mucha de la belleza que deberían tener. Y encima sube, y baja, y vuelve a subir, y a bajar… No, los montes de Oca no fueron la etapa tan bonita que nos habían hablado. Fue una etapa dura, debido también a los casi 28 kilómetros andados.
Al llegar a Agés nos encontramos con uno de los mejores albergues en los que hemos pernoctado, el albergue de San Rafael, atendido por dos hermanos, Ana y Carlos, dos hospitaleros verdaderamente particulares. Además de un trato inmejorable y una suculenta cena, tuvimos una larga charla en la que Ana nos desveló algunos de los secretos del Universo y de nuestro futuro. En concreto a mi me reveló que yo soy sanador y que debería aprender a canalizar mi energía para utilizarla en curaciones. Ahí es donde dio en hueso. No son cosas que vayan conmigo.
En un ratito salimos hacia Burgos. Esperemos tener un día más cómodo.