Tierra de Campos o los contrastes del Camino

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Hemos finalizado la primera etapa de este tramo. Ha sido un día duro, algo más duro de lo que esperábamos, por diversos motivos. La espalda se quejaba por la falta de costumbre de cargar tanto peso y las piernas acusaban el esfuerzo de someterlas al ritmo de de tener que dar un paso tras otro, y éste tras otro más, y otro y otro…  Además ha hecho más calor del esperado, lo cual hace todavía más pesado lo penoso del caminar. Pero, ¿quien se queja de algo que está haciendo por gusto?
Pero lo peor de todo es encontrarte con una desagradable sorpresa al final de una larga y fatigosa jornada. En primer lugar, al llegar a Terradillos la noticia de que sólo quedan dos plazas libres en el albergue, mientras que nosotros somos cinco. Afortunadamente nos han informado de que apenas a dos kilómetros de Terradillos, en Moratinos, hay otro albergue donde seguramente podríamos encontrar sitio. Tras llamar por teléfono y comprobar que sí habían plazas disponibles, nos hemos puesto nuevamente en camino. El albergue en cuestión, regentado por italianos, nos ha acogido con una fuente en la que poner en remojo los pies para poder darles descanso después de la etapa. Parecía que íbamos a tener una buena estancia, pero eso era sólo una ilusión. La primera sorpresa, descubrir que no hay mantas, ni nada que se le parezca, por lo que Virginia y Carmen que viajan apenas con una sábana para prescindir de todo el peso posible tendrán que hacer uso de forros polares y chaquetas para cubrirse y evitar el frío. La segunda sorpresa ha sido encontrarnos a la hora de la cena que no contaban con “los españoles” (casi todos los peregrinos son italianos). Fallo nuestro por no adivinar que debíamos haberlo avisado (y, además, pagado) con anterioridad. ¡Que falta de previsión la nuestra! Pero como no hay mal que por bien no venga, esto nos ha servido para cenar en el restaurante El Castillo, donde nos han tratado inmejorablemente y hemos tomado un menú excelente, por el mismo precio que habríamos pagado en el albergue por un plato de espaguetis.
Nada que ver el trato recibido hoy con el que nos brindaron las monjas del albergue del Espíritu Santo, en Carrión de los Condes. Pese a haber llegado a las 10 de la noche por problemas con el transporte, nos esperaron y nos dieron todo tipo de facilidades para que pudiéramos primero cenar y luego descansar lo mejor posible, y esto por la mitad de lo que nos ha costado el albergue de hoy. Quedamos encantados del trato recibido y profundamente agradecidos con tan maravillosas y abnegadas monjas. Esto me refuerza en la idea que ya he expresado en alguna ocasión de que más que las piedras, el asfalto, los montes y llanos o los kilómetros que van pasando bajo las suelas, el Camino lo conforman las gentes que vas encontrando, que son quienes, de una forma u otra, dan sentido a lo que estamos haciendo.